Competencia y Cooperación
En el último tiempo el deporte se ha tomado mi atención. Principalmente el deporte formativo, presenciando el proceso de mi hija mayor integrándose a un equipo de volleyball. Esto me ha hecho reflexionar mucho sobre una de las dicotomías más importantes en nuestro desarrollo como seres humanos: la competencia y la cooperación. Cómo se entrelazan, cómo nunca son un absoluto, y cómo necesitan vivir siempre juntas para que cualquier proceso valga la pena.
En el jiu jitsu, que llevo ya tres años practicando, esto se vive en cada clase. Estás compitiendo constantemente. Para mejorar es necesario que tu oponente busque vencerte, que te ponga dilemas difíciles de responder, que sea agresivo en el proceso. Si solo haces luchas coreografiadas nunca vas a aprender realmente a defenderte. La competencia es fundamental en el tatami. Pero al mismo tiempo es fundamental seguir las reglas del grupo, las reglas del juego, que buscan cuidarnos y definir un terreno común. Sin cooperación no podemos mejorar. Sin competencia tampoco. Las dos fuerzas necesitan vivir juntas o el proceso pierde su valor.
En el deporte colectivo la tensión es distinta pero igual de presente. Mi hija es parte de un equipo de volleyball, pero no siempre le toca jugar. En su posición son varias niñas y tiene que competir con algunas de sus compañeras por los puestos disponibles. A pesar de ser un equipo sin afán puramente competitivo, se van dando diferencias en el proceso. Algunas avanzan más que otras. Existe claramente una competencia por los puestos limitados, pero también hay un afán de cooperación necesario para que el equipo se desarrolle. La victoria requiere del trabajo y la coordinación colectiva. Sin eso, la competencia individual no sirve de nada.
En una empresa estas mismas fuerzas se ven evidenciadas en el día a día. Tenemos equipos de trabajo donde cada uno cumple su rol pero también compite por los puestos de mayor jerarquía. Necesitamos trabajar en equipo pero también destacarnos individualmente. Nuestro trabajo necesita de los otros, pero también tiene un carácter individual que tenemos que cumplir de la mejor manera posible. Si nos quedamos solamente en preocuparnos del prójimo perdemos toda perspectiva del individuo. Y sin el individuo el colectivo no existe. Y viceversa.
Cuando comencé mi emprendimiento estaba tratando de que Acción creciera, que funcionara. De a poco fui buscando que funcionara para todos. Luego me fui enfocando en el ecosistema en el cual estaba Acción. Después quise conectar con el mundo del fitness en general, estrechar lazos con otros. ¿Y por qué estrecho lazos con aquellos con los que compito? Porque soy consciente de que los necesito. Quiero ganarles, pero también quiero que les vaya bien para que a todos nos vaya bien. A rising tide lifts all boats. La subida de la marea hace que todos los barcos suban.
¿Cómo logramos cultivar este ambiente de competencia y cooperación que nos ayuda a desarrollarnos?
La respuesta es simple, pero difícil. Se trata de la confianza. De creer que estamos en esto por un objetivo común. Sin confianza en los equipos es imposible acercarse. Porque alguien va a romper las reglas del juego, alguien va a tomar más en desmedro de otro. Cuando las confianzas se rompen no existe cooperación ni competencia sana. Ambas fuerzas necesitan de la confianza para desarrollarse.
En el jiu jitsu es clave. La práctica reviste riesgos que necesitan de la confianza en tus compañeros para poder avanzar. Necesitan de un acuerdo de cuidado mutuo para evitar lesiones. Si eso se rompe, el juego deja de ser valioso para ambos. La confianza es lo que une las dos fuerzas. Y al momento de destruirse se pierde todo.
¿Cómo logramos entender que no se trata de uno u otro? ¿Que competencia y cooperación son necesarias y son parte fundamental de los seres humanos?
La única manera que veo es recuperando la confianza.
Y esa característica necesita más acción y menos palabras.
Necesita que cada uno dé el primer paso sin tener miedo a ser traicionado.
Necesita que volvamos a confiar.
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