Y porqué aún no dejamos CrossFit?
Ya llevo un tiempo expresando la posibilidad de abandonar la afiliación de CrossFit de nuestro gimnasio. Diría que los últimos dos años son en los que más seriamente lo he pensado. A estas alturas se vuelve cada vez más complejo “pesar” el valor de la marca y analizar con honestidad sus pros y contras.
Uno de los principales motivos por los que aún mantengo la afiliación es simple y concreto: hacemos CrossFit. Desde un punto de vista ético, no me parece correcto impartir clases de CrossFit y no pagar la afiliación. Sé que hay muchos centros que lo hacen y respeto su decisión. Simplemente a mí me incomoda.
Pero, aun así, lo estoy evaluando. ¿Por qué?
La respuesta es relativamente simple. Como proyecto, Acción ha evolucionado. Hemos cambiado. Y con el tiempo me he cuestionado cómo los caminos de lo que es Acción y lo que hoy es CrossFit se han ido separando.
Partamos por lo evidente. La salida de Greg Glassman. Querido y odiado por muchos. Desde mi visión, un genio. Un tipo que revolucionó la industria del fitness. ¿Perfecto? Para nada. No lo admiro como persona, admiro la marca que creó y las batallas que decidió dar.
Desde el inicio, el concepto de salud que promovía CrossFit me cautivó. Esa lógica de impactar la salud de las personas a través del diseño del entorno y prescripciones simples:
“Come carnes, verduras, nueces y semillas; algo de fruta, poco almidón y nada de azúcar”.
“Mecánica, consistencia e intensidad”.
“Movimientos funcionales, constantemente variados, ejecutados a alta intensidad”.
“La rutina es el enemigo”.
Ese lenguaje, esa filosofía, permitió que algo floreciera. Y no solo como sistema de entrenamiento, sino como una manera de entender la salud.
También admiré siempre sus cruzadas. Su pelea abierta contra la industria del azúcar, contra las bebidas azucaradas. Muchas veces escuché que “desperdiciaba” recursos en esas batallas. A mí nunca me lo parecieron. Al contrario, me inspiraban. Veía a un líder dispuesto a incomodar, a sostener convicciones claras, aunque eso tuviera un costo.
Creo que eso es lo que más extraño de CrossFit.
Romper el molde. Hacer las cosas distinto. Rebelarse contra aquello que realmente nos está dañando. Sentir que eres parte de algo que busca impactar positivamente la vida de las personas. Vivimos en un mundo cada vez más sedentario, donde la comodidad y el confort nos están matando lentamente. Y querer cambiar eso se siente como una cruzada que vale la pena dar.
Con el tiempo vi los impactos reales de CrossFit en las personas. Vi cómo podía revertir enfermedades metabólicas, cambiar identidades, devolver confianza, energía, vida. Eso fortaleció mi fe en la metodología.
Pero lo cierto es que ese espíritu se fue diluyendo.
Hoy CrossFit intenta revivir ese ethos, pero falta algo. Falta una voz clara. Falta liderazgo. Falta inspiración. Vivimos demasiado de la nostalgia, de lo que fue. De los “viejos tiempos”. Y lentamente eso desgasta. Se pierde fe. Se pierde sentido.
Cada cierto tiempo me cruzo con otros que aún creen. Personas que no hacen CrossFit para ser más fit que el resto, sino porque quieren que todos estemos más fit que ayer. Que creen en el continuo salud–enfermedad. Que entienden el costo de la especialización. Que ven el impacto real del movimiento bien prescrito.
Pero pareciera que esas voces están dispersas.
¿Nadie pelea hoy esas batallas?
De a poco aparece —o reaparece— MetFix. Y nuevamente el mensaje de Glassman vuelve al centro. Y, por momentos, uno vuelve a sentirse inspirado.
Quiero ser claro en algo: la idea de dejar CrossFit no nace de haber dejado de creer en la metodología. Todo lo contrario. Después de 14 años practicándola, estoy más convencido que nunca de su poder y su impacto. El problema no es el método, es la marca. Su falta de rumbo claro. Lo errático de sus últimos años. La dificultad de sostener un mensaje coherente.
Este fin de semana, uno de los integrantes del Seminar Staff me preguntó qué tendría que pasar para que dejara la marca. Y en ese momento me di cuenta de la respuesta.
Todavía hay personas dentro de CrossFit que me inspiran. Personas que lideran desde las trincheras. Que empujan afiliados que realmente impactan vidas. Que cuidan el mensaje, que se enfocan en salud, que no persiguen modas, que protegen la metodología.
Mientras siga sintiendo cercanía con esos “compañeros de armas”, voy a seguir acá. Intentando. Luchando por lo que creo.
CrossFit cambió mi vida hace 14 años. Cambió mi trayectoria y me trajo hasta este lugar. Y aunque hoy nuestros caminos parezcan separarse, sigo creyendo en eso que me pasó hace 14 años.
Sigo queriendo convencer a más personas.
Sigo queriendo luchar por la salud.
Un burpee a la vez.
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