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El cuello de botella eres tú

Hoy al final de una reunión, James me miró y me dijo algo que no esperaba: "Por primera vez estoy entusiasmado de hacer mis números y conocer mi P&L." James es un vendedor nato. Durante diez años fue el vendedor número uno de una empresa de construcción en Indianapolis. Mes a mes nos impresiona superando sus metas de venta. Sabe vender mejor que nadie. Y sin embargo su empresa está estancada. No conoce su rentabilidad, no sabe si puede contratar más gente, la incertidumbre del futuro lo tiene inseguro. El problema no es lo que sabe hacer. Es lo que no sabe hacer todavía. Eso es exactamente lo que tienen en común los cuatro emprendedores con los que hablé hoy. Lalo es mexicano, lleva 25 años en Alabama construyendo su camino desde abajo. Partió como electricista, se fue especializando, abrió su propia empresa. Tiene buen ingreso constante. Pero no logra crear los sistemas que retengan a su equipo. Alta rotación, sin vacaciones, sin tiempo. Lo que lo trajo hasta acá no es s...

Soy un chanta

El miedo a ser chanta aparece en mi cabeza cada cierto tiempo. Para los que no son chilenos: chanta es alguien poco confiable, que simula virtudes que no tiene, que engaña. No es algo que nadie aspire a ser. Y sin embargo, es uno de los miedos que veo como los paraliza a todos. Incluido yo. Lo que nadie dice en voz alta es esto: todos somos chantas al principio. Sin excepción. Nadie nació sabiendo. Nadie fue bueno en algo antes de haber sido malo en eso mismo. El problema no es ser chanta. El problema es creer que los títulos te protegen de serlo. Y ahí es donde el sistema te tiene atrapado. El sistema educativo está diseñado para hacerte creer que la especialización es sinónimo de valor. Que mientras más títulos tengas, mientras más certificaciones acumules, menos chanta eres. Es un negocio perfecto: te venden el alivio de una incomodidad que nunca va a desaparecer de esa manera. Porque lo único que te quita la sensación de chanta no es un diploma. Es exponerte a aplicar lo que sabes ...

El número que sigues, el negocio que construyes

¿Cómo subo mis ventas? Esa es la pregunta que se hacen la mayoría de los negocios. Iría incluso más allá, es lo que buscan casi todos: vender más. Pero esta declaración muestra el foco del negocio, aclara qué es lo que están persiguiendo realmente y esconde una verdad incómoda que a muchos les cuesta aceptar. Lo más fácil es medir la venta. Es el número que por lo general tenemos más a mano. Lo usamos como termómetro para chequear si vamos en la dirección correcta. Pero no logramos ver lo que esconde ese número. Es común quedarse con ese diagnóstico, pero tenemos que entender que está incompleto y esconde algo más profundo. El simple hecho de que no creaste un negocio para vender más. Hay algo que realmente buscaste crear con tu negocio y nunca se trató de vender más. Lo cierto es que la venta muestra cuán interesante está siendo para el mercado tu negocio. Es un indicador claro de popularidad. Nos entrega una medida de si estoy logrando gustarle a la gente. Pero muchas veces no nos di...

Todo comienza por un NO

¿Cuál es el valor de tu trabajo? Esta pregunta es incómoda de manera natural. Se siente extraña, el impulso es contestar rápidamente enumerando todo lo que entregas. Muchos al escuchar esa pregunta se van a ir a su carrera, van a responder acerca de su profesión. Otros rápidamente justificarán su valor con los ejemplos de quienes ya les han pagado en el pasado. En muchos casos algunos empezarán a enumerar un listado de cualidades que deberían hacerlos valiosos. "Yo me preocupo realmente por las personas", "yo soy profesional en mi trabajo", "tenemos las mejores instalaciones". Algunos usarán la universidad, el instituto o los diplomas para justificar su valor. Pero a pesar de todas estas vueltas la pregunta incómoda persiste. ¿Cuál es el valor de tu trabajo? Acá es donde la pregunta debería cambiar. Y creo que es importante preguntarse algo distinto. ¿Para quién es valioso mi trabajo? El valor está en el resultado que puede generar tu trabajo. Y ese result...

¿Acaso ya no me importa el resultado de mi negocio?

Hace unas semanas tuve un extraño buen día. Lo llamo extraño porque en el papel todo era bueno, pero no se sentía así. Estaba revisando los números del mes, chequeando el estado de resultados, el flujo de caja, los números de la cartera. Iba viendo cada uno, comparándolo con el año anterior. Todo parecía en orden. Estamos creciendo, los números se acercan al presupuesto, los niveles de clases grupales se mantienen estables y crecemos en los servicios de alto valor. La rentabilidad mejora, las ventas son mejores. Todo avanzando en la dirección correcta. Y no sentí nada. Soy riguroso con los números. Es algo que hago desde el primer día que comenzó el negocio. Por lo general en estos ejercicios me encuentro con realidades contrapuestas, siempre hay cosas que van funcionando y otras que no. Es extraño tener meses donde todo pareciera funcionar perfecto. Pero cuando eso pasó, no se me generó alegría. No me pasó absolutamente nada. Eso fue lo que principalmente me llamó la atención. Lo apát...

La caída de un lider

Este fin de semana recién pasado celebramos los 13 años de Acción. Y debo ser franco, siento un poco de vergüenza, siento que no estuve a la altura de las circunstancias. Que no fui capaz de habitar mi rol, pero por sobre todo dejé que mi ego nublara mis decisiones y no fui capaz de pedir ayuda. Después de tantos años de proyecto, de tantas batallas con este equipo a mi lado, me tocó este fin de semana estar incapacitado para cumplir bien mis funciones. Y se trata de eso, no de martirizarse porque me sentía mal, no, se trata de entender que si estamos en una posición de liderazgo debemos estar al 100%, no sólo por nosotros, sino por el respeto a los que lideramos. Es importante dar un paso al costado y pedir la ayuda necesaria. A pesar de llevar tantos años en esto, me equivoqué y me siento avergonzado por mi mal actuar. La verdad es que cometí muchos errores. Partamos de la base que por algún motivo me obsesioné con hacerme cargo yo de las pruebas. Tarea que en el pasado he delegado s...

El gimnasio Millonario

Esta semana empecé a leer un libro que se llama "Millionaire Gym Owner". Llevo las primeras páginas. Pero lo que me llamó la atención no fue el contenido. Fue la incomodidad que me generó el título. ¿Por qué se siente tan raro pensar en un dueño de gimnasio millonario? Me puse a observar la imagen que me apareció en la cabeza. No era un box de CrossFit. No era un centro boutique. Era una cadena. Grandes espacios, muchas sucursales, miles de alumnos, estructura corporativa. Smartfit. Planet Fitness. Algo masivo. Y ahí está el problema. Hemos conectado la idea de riqueza con la idea de volumen. Como si la única manera de construir algo valioso fuera construir algo grande. Como si el millonario del fitness fuera necesariamente el que tiene más sucursales, más alumnos, más metros cuadrados. Y desde esa imagen, el dueño del box pequeño, el del centro boutique, el de la academia de artes marciales, queda automáticamente excluido de la conversación. Pero eso es una confusión entre t...