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Solo sé que nada sé. Y de eso tampoco estoy seguro.

Subo contenido a redes sociales con la esperanza de ayudar. Aayudar a personas que están emprendiendo, a personas que quieren ser mejores padres, a personas con su fitness. Todo lo hago desde ese lugar, ayudar. Pero hay algo que me incomoda cada vez que publico algo. Me asusta que alguien se lo tome como una verdad absoluta. No porque crea que lo que digo está mal. Sino porque sé perfectamente que tampoco tengo tanta certeza de lo que digo. Y lo que creo hoy no es lo mismo que creía hace diez años. Lo que publico mañana puede contradecir lo que publico hoy. Mi perspectiva va cambiando a medida que mi cabeza se va formando, a medida que me expongo a más ideas, a medida que la realidad me corrige. Eso no me parece un problema. Me parece simplemente honesto y real. El problema es que las redes sociales no están diseñadas para la duda. Están diseñadas para la certeza. Todo pareciera ser blanco o negro. Si crees esto eres estúpido. Si no crees esto también. Los expertos hablan como si tuvie...

El siguiente próximo más pequeño primer paso

Estas últimas semanas he estado muy enfocado en ayudar emprendedores. Lo lindo de salir del mundo del fitness es que te permite absorber otras realidades, pero también te muestra con claridad las similitudes. En las clases del box me ha tocado presenciar a personas que les da miedo el salto al cajón. Para los que no conocen el movimiento: en CrossFit saltamos al cajón como ejercicio de potencia. Lo complejo es que el cajón es un bloque de madera sumamente rígido. Como decimos en clases: "en la batalla entre el cajón y la canilla, aún no hemos visto una canilla que haya ganado." Es intimidante. Y es común ver a personas que se quedan paralizadas ante eso. Lo que hace un buen coach en esa situación no es insistir. Es ir a un cajón más bajo. Buscar el primer paso, el más pequeño, el que desbloquea el avanzar. El que saca a la persona de la parálisis y la pone en movimiento. Y si con el cajón más bajo todavía no se atreve, el coach le toma la mano. Para que no se sienta sola. Par...

Acción La Florida, un recuerdo

Han pasado varios años desde que cerré Acción La Florida. Todavía duele. No como una herida abierta, sino como una cicatriz que a veces aprieta cuando la tocas. Y creo que ya pasó suficiente tiempo como para contarlo bien, sin el filtro del orgullo herido ni la necesidad de justificarme. Lo cuento porque cada semana converso con dueños de boxes que me dicen lo mismo: "Quiero abrir una segunda sucursal." Y en esa declaración reconozco exactamente dónde estaba yo en 2015. Lleno de energía, con los números acompañando, convencido de que el momento era ahora. Cometí varios errores. Los voy a contar para que no los cometas tú. Pero primero la historia. Corría el año 2015. La sucursal de Providencia pasaba los 500 alumnos. El CrossFit estaba comenzando su peak de popularidad en Chile y llegaban nuevos alumnos constantemente. Los números nos acompañaban y el éxito te va nublando de cierta manera, te hace sentir invencible. Así que empezamos a buscar una segunda sucursal. La búsqueda...

Estás cavando la tumba de tu emprendimiento

Hay una conversación que tengo una y otra vez con dueños de boxes. Siempre llega al mismo punto. Cuando toco el tema de la rentabilidad, aparece la cara. Esa cara de "ah, pero no todo tiene que ser rentable" o "es que yo quiero ayudar a mis alumnos". Como si hablar de rentabilidad fuera una señal de avaricia. Como si preocuparte por la salud financiera de tu negocio significara que no te importan las personas. No. Significa exactamente lo contrario. Si no eres rentable, tu proyecto va a morir. Y cuando muera, no vas a poder ayudar a nadie. Esa es la única lógica que importa acá. No es mi definición de éxito que te estoy imponiendo. Son las reglas del juego. Y si no las cumples, el juego te expulsa. Así de simple. Lo que me cansa, y voy a ser honesto porque creo que alguien tiene que decirlo, es la narrativa del mártir del CrossFit. Ese relato de "me preocupo tanto de mis alumnos que nunca me preocupo de mí". Eso no es servicio. Eso es autoengaño disfrazado...

El tamaño si importa y no quiero ser un elefante

Cuando comencé a emprender quería crecer. No por avaricia, no se trataba de hacerme millonario. Se trataba de construir algo que se mantuviera en el tiempo. Y en mi cabeza, algo que se mantiene en el tiempo es algo grande. Había que crecer. ¿Por qué? Porque sí. Porque así se hace. Porque nadie lo cuestiona. Y crecimos. Una sucursal con más de mil alumnos. Otra con más de cuatrocientos en una zona que supuestamente no era "de altos ingresos". Una tercera que con el estallido social de por medio y pocos meses de apertura llegó cerca de los trescientos. Cada vez que cuento esos números en los círculos de CrossFit, la cara de la gente es de asombro. Eso, creíamos, era el éxito. Estábamos construyendo un elefante. Un elefante es robusto en su día a día. Enorme, pesado, ningún depredador común puede moverlo. Pero esa misma escala lo vuelve frágil ante lo imprevisto. Un paso en falso y su propio peso se convierte en su peor enemigo. Después de cuatro o cinco meses de pandemia, encer...

El cuello de botella eres tú

Hoy al final de una reunión, James me miró y me dijo algo que no esperaba: "Por primera vez estoy entusiasmado de hacer mis números y conocer mi P&L." James es un vendedor nato. Durante diez años fue el vendedor número uno de una empresa de construcción en Indianapolis. Mes a mes nos impresiona superando sus metas de venta. Sabe vender mejor que nadie. Y sin embargo su empresa está estancada. No conoce su rentabilidad, no sabe si puede contratar más gente, la incertidumbre del futuro lo tiene inseguro. El problema no es lo que sabe hacer. Es lo que no sabe hacer todavía. Eso es exactamente lo que tienen en común los cuatro emprendedores con los que hablé hoy. Lalo es mexicano, lleva 25 años en Alabama construyendo su camino desde abajo. Partió como electricista, se fue especializando, abrió su propia empresa. Tiene buen ingreso constante. Pero no logra crear los sistemas que retengan a su equipo. Alta rotación, sin vacaciones, sin tiempo. Lo que lo trajo hasta acá no es s...

Soy un chanta

El miedo a ser chanta aparece en mi cabeza cada cierto tiempo. Para los que no son chilenos: chanta es alguien poco confiable, que simula virtudes que no tiene, que engaña. No es algo que nadie aspire a ser. Y sin embargo, es uno de los miedos que veo como los paraliza a todos. Incluido yo. Lo que nadie dice en voz alta es esto: todos somos chantas al principio. Sin excepción. Nadie nació sabiendo. Nadie fue bueno en algo antes de haber sido malo en eso mismo. El problema no es ser chanta. El problema es creer que los títulos te protegen de serlo. Y ahí es donde el sistema te tiene atrapado. El sistema educativo está diseñado para hacerte creer que la especialización es sinónimo de valor. Que mientras más títulos tengas, mientras más certificaciones acumules, menos chanta eres. Es un negocio perfecto: te venden el alivio de una incomodidad que nunca va a desaparecer de esa manera. Porque lo único que te quita la sensación de chanta no es un diploma. Es exponerte a aplicar lo que sabes ...