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Construir el camino

Hubo un tiempo en que Acción era un negocio rentable con un equipo cansado y descontento. En el papel, el sistema sonaba perfecto. Mi búsqueda de construir un equipo respondía a creer que tenía que delegar todos los roles. La clave era encontrar profesionales competentes que vinieran a hacer el trabajo que sabían hacer, el que un sistema educacional les había enseñado, sumado a la experiencia. Yo me encargaría de proveerles los medios para hacerlo bien, y de que la remuneración reflejara su aporte y les permitiera vivir. Todo tendría que salir bien. No salió. Ese sistema no tomaba en consideración al individuo, no consideraba sus aspiraciones y no ponía sobre la balanza los incentivos correctos para que las personas se desarrollaran. Desde afuera parecía correcto, pero escondía muchos vicios. Después de un tiempo, la “motivación” se esfumaba. Era un excelente trabajo en comparación con otros, pero no creaba esperanza de algo mejor. Y el negocio, aunque rentable, vivía de un equilibrio ...

El director de orquesta

En el último tiempo siento que he fallado como director de orquesta. Durante años, nuestro principal servicio en Acción fueron las clases grupales. Eso requería que trabajáramos todos juntos por el todo. Con el tiempo entendimos que ese modelo dejaba de lado las individualidades y no lograba potenciar las aspiraciones de los miembros del equipo. Así que cambiamos. Hoy muchos trabajan de manera más individual dentro del proyecto. Y en el camino nos olvidamos de lo importante que es cooperar. La responsabilidad es mía. Me esforcé por encontrar los motivadores de cada uno y por generar caminos que les permitieran a todos sentir que hay esperanza de desarrollo, que Acción tiene un espacio para que crezcan. Mi lógica era simple: si todos tenían esperanza y ambición, la cooperación debería darse de manera automática. Si tan solo fuera tan simple. Mi obsesión por el desarrollo individual terminó cambiando de manera significativa el foco de la organización. Construí un grupo de individuos, no ...

Si se lo que tengo que hacer

La reunión anterior había sido un desastre. Dos emprendedores con los que trabajo hace meses (un proceso con altos y bajos, pero muchos más bajos que altos) llegaron en un “mood” desastroso. Nada funcionaba, veían todo negro. No había esperanza. En más de una ocasión han querido abandonar, y me ha tocado tener conversaciones duras con ellos, llevarlos a preguntarse una y otra vez por qué lo siguen intentando. Esa vez los dejé con cuatro accionables. Cuatro tareas simples, enfocadas en el problema que tenían al frente. Solo uno. Antes de contar qué pasó en la siguiente reunión, quiero hablar de una frase que escucho todo el tiempo. «Ya sé lo que tengo que hacer.» No escribo esto desde la perspectiva de alguien que ya lo solucionó (no estoy ni cerca), pero soy consciente de esto y me frustra verlo tanto en el día a día. De hecho, creo que una de mis principales motivaciones para ser coach nace justamente de acá. Parto con mi experiencia trabajando con centros deportivos. Revisamos cómo m...

El miedo a subirse a la balanza

«No quiero ir al nutri, sé que me van a retar.» «¿Para qué me peso, si ya sé que estoy gordo?» En Acción entregamos servicios nutricionales y he escuchado esas frases más veces de las que puedo contar. En esas mediciones está el reflejo de nuestras acciones. Y cuando no confiamos en lo que hemos estado haciendo, enfrentarlo nos espanta, nos pone a la defensiva. Nos expone. Le tomamos miedo a la balanza porque no queremos ver el resultado. La situación se vuelve 100% emocional y ese miedo nos paraliza. La mayoría de los emprendedores tiene exactamente la misma relación con sus números. Yo soy el raro. Amo los números. Sí, soy ese tipo de nerd. Me entusiasmo con mis planillas de Excel y todos los meses, cuando reviso el P&L, los paneles y los indicadores de gestión, algo se activa. No es solo entusiasmo (también hay nervios). En más de una ocasión intuyo los resultados antes de verlos: sé de qué temas no me hice cargo y a qué focos sí les dediqué tiempo y esfuerzo. Pero quiero ese fe...

Competencia y Cooperación

En el último tiempo el deporte se ha tomado mi atención. Principalmente el deporte formativo, presenciando el proceso de mi hija mayor integrándose a un equipo de volleyball. Esto me ha hecho reflexionar mucho sobre una de las dicotomías más importantes en nuestro desarrollo como seres humanos: la competencia y la cooperación. Cómo se entrelazan, cómo nunca son un absoluto, y cómo necesitan vivir siempre juntas para que cualquier proceso valga la pena. En el jiu jitsu, que llevo ya tres años practicando, esto se vive en cada clase. Estás compitiendo constantemente. Para mejorar es necesario que tu oponente busque vencerte, que te ponga dilemas difíciles de responder, que sea agresivo en el proceso. Si solo haces luchas coreografiadas nunca vas a aprender realmente a defenderte. La competencia es fundamental en el tatami. Pero al mismo tiempo es fundamental seguir las reglas del grupo, las reglas del juego, que buscan cuidarnos y definir un terreno común. Sin cooperación no podemos mejo...

Acompañar sueños

Cada vez más me meto en este mundo de ayudar a otros emprendedores. Este año se ha tratado principalmente de aumentar mi exposición a este mundo, ya sea a través de participar en Perfect Day Living o a través de algunos programas que he desarrollado para ayudar a otros centros de entrenamiento, o incluso a través de reuniones que sostengo de manera regular con emprendedores con el afán de tratar de ayudarlos. He buscado de manera intencionada cada vez más estas oportunidades. Emprender para mí comenzó como un sueño. No sé si era el camino que decidí o de cierta manera me topé con esto. Porque hasta la fecha de comenzar el proyecto de Acción nunca me imaginé siguiendo este camino. Me parecía desde afuera algo imposible que hacían personas muy arriesgadas o aquellos que tienen mucho capital. Creciendo siempre me tocó ver a mi padrastro con su empresa. No lo vi como algo libre. Todo lo contrario, en general pasaba bien estresado por el trabajo. Pero también vi cómo en ocasiones le iba muy...

El Deporte, el esfuerzo y la competencia

Sofía lleva los últimos seis meses jugando volleyball. Llegó a este deporte después de cuatro años de gimnasia, un paso por el levantamiento olímpico y el CrossFit, y una etapa breve de arquera de fútbol. Cuando cerramos el ciclo de gimnasia por un cambio de ubicación que nos hacía imposible coordinar los traslados, le preguntamos qué quería hacer. Respondió "nada". En nuestra casa hay una regla clara: las niñas pueden elegir el deporte que quieran, pero no pueden no hacer deporte. Así que eligió volleyball. Todavía no sé por qué. Lo que sí sé es que quería que tuviera la experiencia de ser parte de un equipo. Todos los deportes que había practicado hasta entonces eran individuales. Me ha tocado acompañarla a la mayoría de los entrenamientos. Debo ser honesto: muchas veces sufro al verla desde afuera. La veo con las ganas que tiene de acercarse a otras niñas, de hacerse amigas, y veo cómo constantemente se restringe a sí misma por miedo, por no querer sentirse rechazada. A lo...