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El dilema de la educación

Una de las gracias de este espacio es que puedo escribir sobre temas muy distintos. Hoy quiero compartir uno que llevo meses pensando. Probablemente diga cosas con las que muchos no estarán de acuerdo. No soy experto en educación ni en economía, así que feliz de escuchar otros puntos de vista. Pero es un tema que me preocupa, principalmente porque tengo dos hijas pequeñas y miro con cierta incertidumbre el camino que van a recorrer, un camino que siento es bastante distinto al que me tocó vivir. Cuando yo era niño el camino era claro: tenías que ir a la universidad. No era una alternativa más, era el camino. Si querías “ser alguien en la vida”, tenías que estudiar una carrera. Si querías no morirte de hambre, tenías que ir a la universidad y elegir una buena profesión. Ese era el mensaje que escuchábamos por todos lados. Debo ser honesto: nunca me pareció un camino particularmente atractivo, pero lo seguí igual. Estudié mi carrera, me titulé y luego trabajé en ella durante ocho o nueve...

La señal del compromiso

Empecemos con una frase polémica. Al menos una que me ha ganado más de alguna mirada de desaprobación: “El fitness barato da resultados baratos.” Detrás de esa frase hay una idea simple. En fitness no vendemos milagros. Nunca lo hemos hecho y, hasta ahora, siguen sin existir. No podemos hacer que alguien baje 10 kilos en un mes. No existe forma responsable de prometer algo así. Lo que sí podemos hacer es ayudar a las personas a mejorar su composición corporal, recuperar su salud, verse nuevamente al espejo con orgullo y construir una versión más fuerte de sí mismos. Pero todos esos resultados tienen algo en común: requieren tiempo. Y, sobre todo, requieren algo más importante que cualquier plan de entrenamiento. Compromiso. Cada vez que vendo un plan de entrenamiento estoy vendiendo una promesa de resultado. La persona que llega tiene una expectativa clara en su cabeza: quiere bajar de peso, verse mejor, sentirse con más energía, recuperar confianza. Ahora bien, ¿qué rol juega el preci...

Estar cómodo en lo incómodo

“Quiero estar tranquilo.” “Quiero sentirme estable.” “Quiero seguridad, algo que me haga sentir cómodo.” Escucho estas frases constantemente. En mi equipo, en emprendedores, en alumnos de fitness. La búsqueda de comodidad parece transversal. Da lo mismo la industria, la edad o el contexto. Todos, en algún nivel, queremos estar cómodos. Pero vale la pena preguntarse: ¿qué esconde realmente esa búsqueda? La comodidad tiene sentido biológico. Venimos de un mundo hostil. Durante miles de años sobrevivir implicó ahorrar energía, evitar riesgos, asegurar alimento, proteger el grupo. Buscar estabilidad era sinónimo de sobrevivir. Nuestro cerebro aún opera bajo esa lógica: conservar energía, evitar incertidumbre, mantener el status quo. La estabilidad reduce ansiedad. Sentir que tenemos control sobre el futuro nos calma. Si nada cambia, nada amenaza. Si todo es predecible, podemos relajarnos. El problema es que esa lógica, en el mundo moderno, nos vuelve frágiles. En el fitness lo vemos con cl...

La trampa del punto de equilibrio

Me encanta conversar con emprendedores. Si hay algo que quiero hacer más, es tener más oportunidades de hablar con ellos. Las historias detrás de cada negocio. Las motivaciones, los errores, las batallas, las victorias. En cada relato aparecen singularidades —cada mercado tiene lo suyo—, pero también se repite lo mismo: patrones. Y hay uno que estoy escuchando demasiado seguido. “El punto de equilibrio”. Lo dicen como si fuera la cima. Como si llegar ahí fuera “haberlo logrado”. Y no. Puede ser un gran hito… o puede ser el inicio de una trampa. En estas líneas quiero explicarte por qué el punto de equilibrio puede convertirse en un error no forzado. Uno de esos errores que no se ven peligrosos, hasta que ya estás atrapado. ¿Qué es el punto de equilibrio? El concepto es simple: el punto de equilibrio es donde igualas ingresos y gastos. El lugar donde el negocio no pierde ni gana. Donde el EBITDA es cero. En la etapa inicial suena como un sueño, porque el flujo de caja duele. Duele de ve...

Es sólo camimar

Vengo llegando de un viaje maravilloso a Orlando con mi familia. El viaje fue increíble. Cumplió expectativas, superó algunas, nos regaló momentos que se van a quedar con nosotros mucho tiempo. Pero no quiero hablar del viaje. Quiero hablar de algo que vi y que no he podido dejar de pensar desde que volví. Puede que lo que escriba incomode. No es mi intención herir a nadie, pero tampoco vine a escribir cosas cómodas. No es mi primer viaje a Estados Unidos. He ido a varias ciudades. Conozco la cultura, conozco el tamaño de las cosas, conozco la lógica del espectáculo. Pero lo que vi esta vez en Orlando fue distinto. Lo que me impresionó no fueron los parques. Fue la obesidad. No hablo de sobrepeso. Hablo de obesidad severa. Personas jóvenes —muchas jóvenes— que apenas podían desplazarse. Personas que ya no caminan, se trasladan. Que ya no sostienen su peso, lo apoyan en una máquina. Y lo más impactante no fue ver eso. Fue ver cómo todo el entorno está diseñado para que esa condición no ...

¿Y las vacaciones cuando?

Cuando les pregunto: “¿Cuándo fueron tus últimas vacaciones?” por lo general recibo miradas de desconsuelo, como si hubiese pasado demasiado tiempo desde ese “lujo”. Porque pareciera que, si estás emprendiendo, vacacionar es un lujo. Casi siempre aparece la misma justificación, disfrazada de responsabilidad: "Lo tengo planificado para el próximo año." Y así llevas diciendo eso hace tres años. Eventualmente lo logras. Te escapas 4 o 5 días. Al fin, tienes tu pequeña desconexión. Pero es tan poco que no alcanzas ni a extrañar tu trabajo. No alcanzas a sentir que quieres volver. Y te conformas con pensar que ya llegará nuevamente ese momento soñado de vacacionar, de escaparte, de respirar. He escrito en varias ocasiones acerca del concepto del mártir emprendedor. Este esforzado personaje que lo está dando todo por sus sueños y que no va a parar, porque rendirse no es parte de su identidad. Que sigue a pesar de todo, y que por lo general pone su salud en juego con tal de alcanzar...

La competencia

“El miedo al fracaso deportivo es peor que el miedo a la muerte. Nuestra observación es que los seres humanos están dispuestos a morir por puntos. Al usar pizarras como marcadores, llevar registros y puntajes precisos, correr el reloj y definir con exactitud las reglas y los estándares de desempeño, no solo motivamos un nivel de esfuerzo sin precedentes, sino que también obtenemos métricas relativas y absolutas en cada entrenamiento; datos que tienen un valor importante mucho más allá de la motivación.” - CrossFit Journal, abril 2007 - Este fin de semana vivimos una nueva competencia en Acción. Es una de nuestras tradiciones de inicio de año. Partir la temporada poniéndonos a prueba, usando una vara objetiva que nos permita medir progreso. Esta tradición comenzó el año 2015 y se ha mantenido por más de 11 años. A esa instancia se suma el Open de CrossFit, que también nos acompaña desde nuestros inicios. Además, tenemos la competencia aniversario de Providencia en junio y la de Las Cond...