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No sueño con una vida tranquila

Vivimos mirando hacia adelante con miedo. Las generaciones actuales enfrentan una realidad compleja, la vivienda, el trabajo, la incertidumbre económica, y las redes sociales se encargan de recordarnos constantemente que todos los demás lo están logrando menos nosotros. Sufrimos por un futuro que no ha llegado, que no podemos ver, y que tenemos cerca de cero probabilidades de predecir con precisión. Es curioso que nos paralice tanto algo que, por definición, no controlamos. El COVID me lo enseñó de la manera más brutal posible. Tengo guardado el presupuesto 2020 de Acción. Pasé meses construyéndolo. Metódicamente, línea por línea, tratando de predecir cada mes con precisión quirúrgica. Cuántos alumnos nuevos llegarían, cuánto estarían dispuestos a pagar, cuánto sería la inflación. Lo guardo como recordatorio de lo inútil que es intentar adivinar el futuro. En marzo de 2020 ese archivo dejó de tener cualquier valor. No porque lo hubiera hecho mal. Sino porque el futuro simplemente no fu...

Y si tus sueños se hicieran realidad?

Una de las características más asombrosas de los seres humanos es la capacidad de soñar. De imaginar realidades que todavía no existen. Los sueños nos entregan la oportunidad de ver un futuro mejor, de creer que por más difícil que sea lo que estás viviendo hoy, existe algo más allá que puedes construir. Amo emprender por eso. Por esa capacidad aventurera de volver los sueños realidad. Recuerdo mis primeros sueños de un box de CrossFit. Lo soñé en más de una ocasión, durante las noches y despierto. Imaginaba los entrenamientos, las personas entrenando, un espacio lleno de energía. No tenía una forma clara, pero tenía una fuerza que me hacía creer que había algo más. Y con el tiempo lo construí. Acción nació de esos sueños, de esa imagen incompleta que fui llenando con trabajo, con equipo, con comunidad. Pero los sueños tienen una cara que nadie te advierte. A medida que avanzas, la imagen que tenías en la mente empieza a difuminarse. Lo que querías lograr no se ve cercano a lo que soña...

La culpa y el falso equilibrio

Hace unos días tuve una conversación que me quedó dando vueltas. Una coach, también madre, hablaba de lo difícil que le resulta preocuparse de ella misma sin sentir que le está fallando a sus hijos. De cómo el rol de madre es el que más culpa le genera, el que más la pesa. De cómo se ha sentido perdida en ese proceso y lo que le ha costado volver a encontrarse. La culpa estaba ahí, se escuchaba en sus palabras y se sentía en su tono. Buscando un balance perfecto entre todo lo que hay que hacer. Sintiéndose siempre al debe. La reconocí de inmediato. Porque yo también la he cargado. Durante los primeros años de emprendimiento me perseguía de manera despiadada. Recibía un correo y me sentía culpable de no contestarlo de inmediato. Compulsivamente revisaba los mensajes, incapaz de decir que no. Sentía que si no estaba trabajando estaba fallando. Cada vez que quería tomarme un respiro, mi cabeza me recordaba que podíamos fallar y que si no estaba haciendo todo lo posible la culpa sería mía ...

La aventura que no puedes desver

Hace unos días me enfrenté a uno de esos desafíos que te generan esa sensación extraña en el estómago. Tenía que preparar un taller de marketing para emprendedores, en inglés, para un grupo que esperaba valor de su tiempo. No me considero experto en marketing. Pero sí creo que entiendo algo del alma del emprendedor. Y desde ahí decidí armarme. El taller nació de un concepto que me lleva rondando la mente hace meses: vivir más. Es uno de esos conceptos que se resiste a ser estructurado, que no cabe en una métrica ni en un plan. Y precisamente por eso me obsesiona. Porque creo que ahí está el problema real del emprendedor. No el de las ventas ni el del tiempo. El de haber olvidado para qué empezó. Antes de comenzar Acción, recuerdo estar en un gimnasio mirando a mi alrededor. Personas tristes, apagadas, con cara de estar en cualquier lugar menos ahí. Estábamos en un espacio de movimiento, de esfuerzo, y nadie parecía vivo. En ese momento entendí algo que no podía ignorar. Para mí, moverm...

No quiero Abs

"No quiero abdominales". Lo escucho todo el tiempo. En asesorías, en conversaciones casuales, cuando alguien me cuenta que quiere cambiar algo en su cuerpo y el tema de la composición corporal aparece en la conversación. La frase llega puntual, tajante, como si hubiera sido pensada de antemano: "Yo no quiero abs. Eso no va conmigo." Y yo lo entiendo. Realmente lo entiendo. Porque sé exactamente de dónde viene. En la cabeza de quien la dice ya está construida la película completa — horas interminables en el gimnasio, dietas imposibles, hambre crónica, cero vida social, nunca más ese postre que tanto amas. La persona ya hizo el juicio antes de la conversación. Ya evaluó el costo imaginado y decidió que no vale la pena. La frase no es una preferencia estética. Es una sentencia. Una manera elegante de decir: no me quiero ilusionar para no fallar. El problema es que ese costo es casi completamente inventado. Hace unos meses fui a Disney y Universal con mi familia. Me enc...

El llanero solitario

El llanero solitario Suena a un título extraño. Quizás incluso un poco ridículo. Pero representa de cierta manera cómo me sentí durante muchos años emprendiendo. Luchando solo por aquello que me importa. Como muchos emprendimientos, el mío partió desde un propósito fuerte. Aunque al principio era más una corazonada, algo instintivo que fue revelándose con el paso del tiempo hasta convertirse en una obsesión. Y a medida que la vas descubriendo, quieres compartirla con todos. Le cuentas a la mayoría lo que haces, dejas que tu entusiasmo sea tu principal promotor. Te empiezas a rodear de gente, aparecen clientes, construyes un equipo. Todos en torno a una misión, en torno a un objetivo. Pero por algún motivo, cuando las luces se apagan y ya no queda nadie, sientes que estás solo en esta lucha. Porque la verdad es que lo estás. A través del emprendimiento vas a conocer a muchas personas. Muchos te van a dar consejos, te van a decir lo que deberías hacer. Pero ninguno está en tus zapatos. N...

La correcta dosis

Hace unos días tuve una asesoría que resume bien lo que me encuentro varias veces a la semana. El alumno entró con un objetivo muy claro: quería poder seguir jugando fútbol hasta más viejo. Me gusta cuando alguien llega con eso, con un para qué concreto detrás de todo. Le pregunté qué sentía que le estaba impidiendo lograrlo. Y ahí vino la respuesta larga. Diez kilos de sobrepeso. Condromalacia en ambas rodillas que le duelen cuando juega. Una hernia operada hace años. Tres episodios de lumbalgia en los últimos años que lo llevaron a urgencias. Tres hijos, uno de cuatro y dos de ocho. Un trabajo que a veces lo obliga a viajar. Y cuando le pregunté cuántos días a la semana tenía para entrenar, me dijo que no más de dos. Esa es la realidad de la mayoría de las personas con las que trabajo. Más de 35 años, responsabilidades que no negocian, cuerpos que ya acumulan historia, y tiempo que siempre es menos del que quisieran. No es el perfil del atleta que entrena dos veces al día. Es el perf...