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¿Acaso ya no me importa el resultado de mi negocio?

Hace unas semanas tuve un extraño buen día. Lo llamo extraño porque en el papel todo era bueno, pero no se sentía así. Estaba revisando los números del mes, chequeando el estado de resultados, el flujo de caja, los números de la cartera. Iba viendo cada uno, comparándolo con el año anterior. Todo parecía en orden. Estamos creciendo, los números se acercan al presupuesto, los niveles de clases grupales se mantienen estables y crecemos en los servicios de alto valor. La rentabilidad mejora, las ventas son mejores. Todo avanzando en la dirección correcta. Y no sentí nada. Soy riguroso con los números. Es algo que hago desde el primer día que comenzó el negocio. Por lo general en estos ejercicios me encuentro con realidades contrapuestas, siempre hay cosas que van funcionando y otras que no. Es extraño tener meses donde todo pareciera funcionar perfecto. Pero cuando eso pasó, no se me generó alegría. No me pasó absolutamente nada. Eso fue lo que principalmente me llamó la atención. Lo apát...

La caída de un lider

Este fin de semana recién pasado celebramos los 13 años de Acción. Y debo ser franco, siento un poco de vergüenza, siento que no estuve a la altura de las circunstancias. Que no fui capaz de habitar mi rol, pero por sobre todo dejé que mi ego nublara mis decisiones y no fui capaz de pedir ayuda. Después de tantos años de proyecto, de tantas batallas con este equipo a mi lado, me tocó este fin de semana estar incapacitado para cumplir bien mis funciones. Y se trata de eso, no de martirizarse porque me sentía mal, no, se trata de entender que si estamos en una posición de liderazgo debemos estar al 100%, no sólo por nosotros, sino por el respeto a los que lideramos. Es importante dar un paso al costado y pedir la ayuda necesaria. A pesar de llevar tantos años en esto, me equivoqué y me siento avergonzado por mi mal actuar. La verdad es que cometí muchos errores. Partamos de la base que por algún motivo me obsesioné con hacerme cargo yo de las pruebas. Tarea que en el pasado he delegado s...

El gimnasio Millonario

Esta semana empecé a leer un libro que se llama "Millionaire Gym Owner". Llevo las primeras páginas. Pero lo que me llamó la atención no fue el contenido. Fue la incomodidad que me generó el título. ¿Por qué se siente tan raro pensar en un dueño de gimnasio millonario? Me puse a observar la imagen que me apareció en la cabeza. No era un box de CrossFit. No era un centro boutique. Era una cadena. Grandes espacios, muchas sucursales, miles de alumnos, estructura corporativa. Smartfit. Planet Fitness. Algo masivo. Y ahí está el problema. Hemos conectado la idea de riqueza con la idea de volumen. Como si la única manera de construir algo valioso fuera construir algo grande. Como si el millonario del fitness fuera necesariamente el que tiene más sucursales, más alumnos, más metros cuadrados. Y desde esa imagen, el dueño del box pequeño, el del centro boutique, el de la academia de artes marciales, queda automáticamente excluido de la conversación. Pero eso es una confusión entre t...

Buscando la estabilidad

"Quiero estabilizarme." Esta frase me deja helado cada vez que la escucho. No porque la entienda mal. Es porque no tengo claro su significado, o porque siento que puede tener más de una acepción. Cuando pienso en estabilidad pienso en algo quieto. Algo que no se mueve, algo sin vida. Me imagino a alguien flotando en la mitad del mar que decidió que ya no quiere seguir avanzando. Sé que probablemente no es eso lo que las personas quieren decir. Pero es lo que escucho. Y me preocupa más lo que escucho que lo que dicen. Porque creo que hay una confusión enorme en lo que llamamos estabilidad. Un bosque se ve estable. Desde lejos parece quieto, permanente, sólido. Pero adentro están pasando miles de cosas al mismo tiempo. Árboles creciendo, otros muriendo, nutrientes moviéndose bajo la tierra, animales, hongos, luz. Lo que parece estabilidad desde afuera es un sistema en movimiento constante. No hay quietud. Hay dirección. Lo mismo pasa con una relación que dura 25 años. No es est...

Se diferente, se tu mismo.

Estoy leyendo un libro de Mike Michalowicz, Get Different, y debo decir que me encantó. Como sé que leer un libro completo puede ser un desafío, voy a intentar contarles algo útil acá. Si no quieren que se los arruine, dejen de leer. (En serio, paren acá.) La premisa del libro, la que más me llamó la atención, tiene que ver con la diferenciación. Y con lo hiper conectados que estamos hoy, la tarea no es menor. Captar la atención de las personas es difícil. Muy difícil. Y el autor explica algo a nivel neurológico que me pareció clave: nuestra mente está diseñada para distraerse con tres tipos de estímulos. Las amenazas, lo que deseamos, y lo que es diferente. Todo lo demás simplemente se convierte en ruido. Es por eso que el trend de TikTok le funciona a los primeros dos o tres que lo hacen. Después ya nadie lo ve. Entonces si vas a postear algo en tus redes, no copies el post de otro. Por favor. Solo estás generando ruido y alimentando el algoritmo. No le estás hablando a nadie. Cada c...

El diagnóstico no es tu destino

Tengo déficit atencional. Esta frase la escucho cada vez más. Y cada vez que la escucho noto lo mismo: la persona la dice como una sentencia. Como si ese diagnóstico cerrara la conversación sobre lo que podría llegar a ser. Eso es exactamente el problema. No estoy invalidando los diagnósticos médicos. Los entiendo como lo que son: una descripción de un punto en el tiempo. Lo que sí estoy cuestionando es lo que hacemos con ellos. Porque hay una irresponsabilidad enorme en usar un diagnóstico para predecir el futuro de una persona. Y esa irresponsabilidad tiene consecuencias reales, aunque venga cargada de buenas intenciones. Eso tiene nombre: iatrogenia. El daño que produce el que viene a ayudar. Hace un tiempo llegó a Acción una persona que venía de la rehabilitación de un accidente grave. Daño neurológico. Capacidades físicas afectadas. Su médico le había comunicado, de alguna manera, que no iba a mejorar más. Tal vez esas no fueron las palabras exactas. Pero eso fue lo que entendió. ...

¿Cuanto quieres ganar?

Esta pregunta siempre deja helado a los emprendedores con los que converso. Se toman unos segundos, miran hacia un lado, y responden un número. Por lo general es un número bajo. Un número dubitativo. Un "más o menos tanto, algo así". Entonces pregunto: ¿te alcanza para vivir bien con eso? Y la respuesta es casi siempre la misma: "Sí, puedo sobrevivir con eso." Sobrevivir. Esa palabra lo dice todo. Nadie construye un emprendimiento para sobrevivir. Nadie se levanta a las seis de la mañana, invierte sus ahorros, sacrifica fines de semana, construye algo desde cero, para sobrevivir. Pero después de años de luchar, de inyectarle recursos al negocio creyendo que esta vez sí, de pagar a todos antes de pagarse a uno mismo, ese es el número que queda en la cabeza. No el número que quieren. El número que temen necesitar. Eso no es un problema de ambición. Es un problema de esperanza perdida. Los emprendimientos que busco acompañar nacen de las ganas de compartir algo con el ...