No sueño con una vida tranquila
Vivimos mirando hacia adelante con miedo. Las generaciones actuales enfrentan una realidad compleja, la vivienda, el trabajo, la incertidumbre económica, y las redes sociales se encargan de recordarnos constantemente que todos los demás lo están logrando menos nosotros. Sufrimos por un futuro que no ha llegado, que no podemos ver, y que tenemos cerca de cero probabilidades de predecir con precisión. Es curioso que nos paralice tanto algo que, por definición, no controlamos. El COVID me lo enseñó de la manera más brutal posible. Tengo guardado el presupuesto 2020 de Acción. Pasé meses construyéndolo. Metódicamente, línea por línea, tratando de predecir cada mes con precisión quirúrgica. Cuántos alumnos nuevos llegarían, cuánto estarían dispuestos a pagar, cuánto sería la inflación. Lo guardo como recordatorio de lo inútil que es intentar adivinar el futuro. En marzo de 2020 ese archivo dejó de tener cualquier valor. No porque lo hubiera hecho mal. Sino porque el futuro simplemente no fu...