La trampa del punto de equilibrio
Me encanta conversar con emprendedores. Si hay algo que quiero hacer más, es tener más oportunidades de hablar con ellos. Las historias detrás de cada negocio. Las motivaciones, los errores, las batallas, las victorias. En cada relato aparecen singularidades —cada mercado tiene lo suyo—, pero también se repite lo mismo: patrones. Y hay uno que estoy escuchando demasiado seguido.
“El punto de equilibrio”.
Lo dicen como si fuera la cima. Como si llegar ahí fuera “haberlo logrado”. Y no. Puede ser un gran hito… o puede ser el inicio de una trampa.
En estas líneas quiero explicarte por qué el punto de equilibrio puede convertirse en un error no forzado. Uno de esos errores que no se ven peligrosos, hasta que ya estás atrapado.
¿Qué es el punto de equilibrio?
El concepto es simple: el punto de equilibrio es donde igualas ingresos y gastos. El lugar donde el negocio no pierde ni gana. Donde el EBITDA es cero. En la etapa inicial suena como un sueño, porque el flujo de caja duele. Duele de verdad. Cada mes se siente como una pelea con el tiempo, con la cuenta corriente, con la incertidumbre.
Y es lógico: cuando estás partiendo, el miedo principal es sobrevivir.
El problema es que muchos se quedan ahí. Hacen del punto de equilibrio su norte. Su única meta. Su obsesión. Y cuando conviertes “sobrevivir” en estrategia, tu negocio se vuelve frágil por diseño.
¿Por qué sobrevivir puede terminar siendo tu error?
Porque trazas un objetivo de sobrevivencia, no de rentabilidad.
Y sobrevivir no es el objetivo de un emprendimiento. Sobrevivir es lo mínimo. Es la línea delgada que no te deja margen. Y si algo he aprendido emprendiendo es esto: van a pasar cosas que no controlas. Siempre. Se cae un proveedor, se enferma un pilar del equipo, te sube el arriendo, baja la demanda, aparece competencia, se te rompe algo caro en el momento equivocado.
Si tu negocio vive pegado al cero, cualquier golpe lo mata.
Por eso el punto de equilibrio no es peligroso como etapa. Es peligroso como destino.
He visto emprendedores que llegan al break-even y se sienten aliviados… pero pasan los meses y siguen ahí. No suben precios. No invierten en equipo. No fortalecen marketing. No construyen caja. No se pagan bien. No toman vacaciones. No mejoran procesos. Viven apagando incendios para no volver a “perder”. Y así se les va la vida.
La trampa es que el punto de equilibrio se parece a seguridad… pero en realidad es vulnerabilidad con maquillaje.
Entonces, ¿qué deberías hacer?
Primero, rigor. Sin rigor no hay negocio, hay cuento.
He hablado con emprendedores que me dicen: “Estoy en punto de equilibrio, me está yendo bien”. Y cuando miro el detalle aparece la verdad: trabajan 70 u 80 horas a la semana y no se pagan sueldo. No hay remuneración del dueño. No hay costo real de operación. No hay estructura sincera.
Y ahí no puedo ser diplomático: si tu negocio funciona porque tú trabajas gratis, no es rentable. Es autoexplotación.
La última vez que revisé, la esclavitud se abolió hace años. Si tu empresa sólo cuadra porque el dueño no se paga, entonces el “punto de equilibrio” es mentira. Estás comparando manzanas con manzanas… pero te faltó incluir la manzana más importante: tu trabajo.
Lo segundo: orden.
Distingue facturación de ingresos devengados. Sincera gastos. Imputa todo lo que corresponde. Aunque duela. Porque no hay mentira más cara que la que te cuentas a ti mismo.
Y lo tercero: cambia la meta.
No traces objetivos de sobrevivencia. Traza objetivos de rentabilidad.
Al emprender estás asumiendo riesgos y esos riesgos necesitan recompensa. No sólo “salvarte”. Recompensa real: sueldo digno, caja, margen, tiempo, capacidad de invertir, capacidad de resistir golpes. Un negocio que no tiene margen no es un negocio sólido: es una ruleta.
Cierre
Nadie construye un emprendimiento para sobrevivir. Emprendemos porque queremos cambiar cosas, hacerlas a nuestra manera, resolver problemas reales, construir una vida.
Este año mi meta es clara: yo no quiero sobrevivir. Quiero cumplir mis sueños y quiero ayudar a otros emprendedores a cumplir los suyos.
Emprendimientos sólidos.
Emprendedores felices.
Deja de sobrevivir. Exígele rentabilidad a tu negocio.
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