La caída de un lider

Este fin de semana recién pasado celebramos los 13 años de Acción. Y debo ser franco, siento un poco de vergüenza, siento que no estuve a la altura de las circunstancias. Que no fui capaz de habitar mi rol, pero por sobre todo dejé que mi ego nublara mis decisiones y no fui capaz de pedir ayuda. Después de tantos años de proyecto, de tantas batallas con este equipo a mi lado, me tocó este fin de semana estar incapacitado para cumplir bien mis funciones. Y se trata de eso, no de martirizarse porque me sentía mal, no, se trata de entender que si estamos en una posición de liderazgo debemos estar al 100%, no sólo por nosotros, sino por el respeto a los que lideramos. Es importante dar un paso al costado y pedir la ayuda necesaria. A pesar de llevar tantos años en esto, me equivoqué y me siento avergonzado por mi mal actuar.

La verdad es que cometí muchos errores. Partamos de la base que por algún motivo me obsesioné con hacerme cargo yo de las pruebas. Tarea que en el pasado he delegado sin problemas, en esta ocasión decidí quedarme con ella. Lo peor es que estoy en una etapa comenzando nuevos proyectos y sé que estoy corto de tiempo. Además llevo unas semanas haciendo un curso de coaching que me está quitando bastante ancho de banda en la semana. Debería haber pedido ayuda desde el principio. ¿Por qué no lo hice?

Luego siento que caí presa de la sensación del paso del tiempo. Como la competencia era en julio, me relajé. Pero la realidad es que hacer la competencia a principio de julio termina superponiéndose con las fechas de cierre de mes. Fechas que son complicadas a nivel administrativo y que también suponen un aumento de mi carga laboral.

Lo cierto es que el viernes en la tarde ya preveía que el desenlace no sería bueno. De salud me sentía muy mal y estuve afinando detalles hasta muy tarde. Pero lo peor de todo era no tener la posibilidad de comunicar todo de manera apropiada a mi equipo. La comunicación estaba cortada porque yo cometí el error de no soltar. De no confiar en mi equipo para que se hiciera cargo y me diera una mano. No los culpo a ellos. Era el momento de que yo pidiera ayuda, que pidiera su apoyo. Ya los errores estaban, y a esa altura ya tenía claro que todo iba a ser muy caótico. Lo que vino después sólo aumentó los problemas.

Pasé una noche de mucha fiebre, sin poder dormir, con las molestias propias de estos resfríos mutantes que ya he visto a varios sucumbir ante ellos. Me tocó a mí. La verdad es que me levanté a duras penas y partí al box. En el camino pensaba en cómo encarar todo esto. Y mi cabeza estaba completamente nublada, no era capaz de pensar dos pasos más adelante. Así que llegué al box y sin pedir ayuda a nadie empecé a ordenar todo. A escribir cosas en las pizarras y a tratar de avanzar. No había puestos asignados para nada y ya estábamos llenos de personas listas para comenzar.

Un punto muy lindo es la cantidad de personas que se entusiasmaron a participar. Debo decir que me puso muy contento ver a tantos desafiándose, poniéndose a prueba, saliendo de su zona de confort. Ahí también me tocó presenciar a los coaches que estaban apoyando a sus alumnos, haciendo una excelente labor.

Pero, bueno, ya era hora de comenzar, empecé a explicar las pruebas y en el medio olvidé la mitad de las cosas que tenía que decir. No sé si me jugó una mala pasada la mente. Si no estaba bien preparado, pero simplemente fallé en comunicar. Fallé en explicar con claridad. Y eso generó una enorme confusión. Todo empezó a operar en el caos. Y en medio de todo eso, en vez de hacer lo que debía hacer, que era tomar la batuta y liderar, simplemente tomé la prueba que nadie entendía bien cómo se hacía y decidí irme a sacarla adelante y abandoné a mi equipo. Sentí que los dejé a su suerte. Sentí que los dejé a solucionar lo que yo simplemente me sentía incapaz de hacer en ese momento. Y no veo un problema en delegar. Es la forma como lo hice, el realmente irme a esconder sin preguntarle a nadie. No me siento orgulloso de lo que hice. Le pido disculpas a mi equipo y disculpas a todos los que fueron a la competencia porque esa no es la actitud que debería haber tomado.

De ahí en más traté de sacar las pruebas adelante, las que yo estaba juecando, y cada cierto tiempo me lograba asomar para ver cómo iba todo. Lo cierto es que sólo quería ir a acostarme. Me sentía mal, la fiebre subía y bajaba, me costaba concentrarme y la tarea de juecear requería mucha atención constante. Le pido disculpas a los alumnos con los que pude haber sido pesado. No fue mi intención. Con aquellos con los que no tuve la paciencia para explicarme bien. Mil disculpas. No debería haber estado ahí.

Lo más triste de todo es que no disfruté la competencia. No pude ver qué pasó realmente y no logré conectar con lo que pasó. Sé que hubo momentos lindos en fuerza y potencia, que a muchos las pruebas los dejaron realmente agotados y que varios se sorprendieron con su desempeño. Para los que sintieron que la organización no estuvo a la altura les pido disculpas. Prometo mejorar para la próxima edición y desde ya espero que todo el caos no haya opacado lo que realmente importaba. La celebración de las capacidades físicas de cada uno de ustedes.

Todos los años digo lo mismo. Esta es la última competencia que organizo. De eso ya van 13 años y como 30 competencias. Es un trabajo agotador pero vale la pena por las sonrisas que le entrega a cada uno de los alumnos. No obstante tenemos que hacerlo mejor. Tengo que hacerlo mejor.

Vamos por los 14.

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