El Deporte, el esfuerzo y la competencia
Sofía lleva los últimos seis meses jugando volleyball. Llegó a este deporte después de cuatro años de gimnasia, un paso por el levantamiento olímpico y el CrossFit, y una etapa breve de arquera de fútbol. Cuando cerramos el ciclo de gimnasia por un cambio de ubicación que nos hacía imposible coordinar los traslados, le preguntamos qué quería hacer. Respondió "nada". En nuestra casa hay una regla clara: las niñas pueden elegir el deporte que quieran, pero no pueden no hacer deporte. Así que eligió volleyball. Todavía no sé por qué. Lo que sí sé es que quería que tuviera la experiencia de ser parte de un equipo. Todos los deportes que había practicado hasta entonces eran individuales.
Me ha tocado acompañarla a la mayoría de los entrenamientos. Debo ser honesto: muchas veces sufro al verla desde afuera. La veo con las ganas que tiene de acercarse a otras niñas, de hacerse amigas, y veo cómo constantemente se restringe a sí misma por miedo, por no querer sentirse rechazada. A los pocos días vi que se hizo de sus primeras amigas. Me puso muy contento y a ella le implicó un aumento en su motivación y confianza. Pero el semestre fue avanzando y de a poco se fue aislando. Una amiga faltaba harto y con la otra parece que no congeniaban tanto. La veía nuevamente desmotivada. En una ocasión se fue a esconder al baño y no entrenó. Decía que no se sentía bien. Sé que no se siente bien porque se siente apartada. No logra sentirse parte del grupo.
Y yo lo veo desde afuera y quiero solo abrazarla y decirle que todo va a estar bien. Pero no puedo hacer nada por eso. Ella tiene que aprender a conectar con otros. No es mi responsabilidad. No puedo intervenir.
Comenzó este campeonato que implicaba llevarla casi todos los días de la semana, después del colegio, a jugar los partidos. Con la esperanza de una linda experiencia la pasé a buscar para el primer partido. Se le notaba nerviosa. Pero los nervios no son tanto por el partido, se nota que la situación adversa es la que la pone nerviosa.
Perdieron harto. Se encontraron con rivales muy superiores a su equipo. Pero vi a una Sofía que tuvo un par de partidos muy buenos. Metió algunos puntos, empezó a encajar algunos saques. Y por sobre todo, vi a una Sofía que empezó a conectar con sus compañeras. Que empezó a sentirse parte de un grupo. Vi a mi Sofi crecer. Gritar por su equipo y también la vi llorar cuando la sacaron por no hacerlo bien. Pero lo más lindo vino después, cuando cada una de sus compañeras se acercaba a darle su apoyo. A decirle que todo estaría bien.
Yo miraba de lejos y solo quería ir a abrazarla. Pero no podía hacerlo. Tenía que dejar que ella lo resolviera. Tenía que aceptar que ese dolor era el compañero que necesitaba tener en esos momentos. Que le tocaba enseñar al dolor, no al papá.
Me tocó estar ahí cuando me contó que después del partido el profe la felicitó y que también una compañera la felicitó delante de todas por cómo había mejorado su juego. La vi saltar de alegría. La vi frustrarse, enojarse por no jugar la cantidad que había querido, enojarse por sentir que no lo logró. Cada derrota, cada frustración, cada momento difícil, cada momento de superación, cada conexión. Cada uno de esos momentos vale oro.
Tuve la posibilidad de estar ahí cuando hacía algo bien y de repente miraba a la tribuna y mis ojos se encontraban con los de ella. Sabía que estaba en el lugar indicado.
El campeonato terminó y mi Sofi sigue creciendo. Es difícil no intervenir. Pero es lo que me toca esta vez. Mirar todo de afuera y simplemente prestar soporte cuando me lo pidan. Es genial cómo el deporte te entrega estas enseñanzas. La exposición constante a la derrota como una forma de aprender. Ir volviéndote bueno para algo simplemente porque no desistes, porque lo haces por ti, pero también lo haces por los otros, por tu equipo.
Esta semana estoy con el pecho inflado. Me siento orgulloso de mi pequeña Sofi.
Que ya no es tan pequeña, ya crece y enfrenta su vida.
Enfrenta sus primeras derrotas y aprende a levantarse.
Comentarios
Publicar un comentario