Experto no es un título. Es un viaje.

Tres definiciones antes de empezar.

Experto es alguien que estudia y aplica el conocimiento de manera intencionada, y que es capaz de entregar de manera constante y consistente resultados. Es un viaje, no un destino.

Profesional hace referencia a la intencionalidad con la que realizamos una tarea. El compromiso de actuar de manera virtuosa en lo que hacemos. Es una forma de respeto a aquello que desempeñamos.

Título profesional. Un invento de marketing que muchos creyeron les entrega superioridad moral y la capacidad de exigir rigurosidad a otros, sin ser capaces de mirarse al espejo primero.

Con eso claro, cuento por qué llegué a estas conclusiones.

Hace unos días apareció en mis redes una publicación con un tono así: "un curso de un fin de semana no te hace experto." Me lancé a comentar, traté de sonar inteligente con un "¿qué es un experto?", y recibí algunas respuestas que me dejaron pensando más de lo esperado.

Dos cosas me llamaron la atención. Primero, la soltura con que se usaban las palabras experto y profesional como si fueran sinónimas. Segundo, quién se arrogaba el derecho de definir quién es experto y quién no.

Partamos por lo obvio: estoy completamente de acuerdo en que un curso de un fin de semana no te hace experto. Tampoco lo hace sacar buena nota en un examen. Tampoco estudiar una carrera de cinco años. Lo que me molesta no es la afirmación. Es lo que esconde: la idea de que el conocimiento es algo fijo que tienes o no tienes, en lugar de algo que va tomando forma a través de la experiencia acumulada.

Un curso de fin de semana puede ser el primer paso para crear un experto. Así parte el desarrollo de la maestría. Un primer paso, más un segundo, más un infinito de pasos intencionados que van construyendo dominio en un área. El ataque al curso de fin de semana trata el conocimiento como un punto de llegada. Cuando en realidad es un proceso que nunca termina.

En una de las respuestas alguien citó a una entidad que define quién es experto según sus propios criterios. Me encanta lo recursivo de eso: el experto es quien yo diga que es experto, según mi opinión arbitraria, porque me conviene. No es conspiración. Es el sesgo humano clásico de proteger la propia posición disfrazándolo de rigor.

Vamos a la etimología porque ahí está la clave. Experto viene del latín expertus: probado, experimentado. Comparte raíz con la idea de arriesgarse a intentar algo. Un experto, por definición original, es alguien que se ha arriesgado a experimentar. Lo que hace que la formación universitaria actual, que deja todo en el plano de la teoría, sea estructuralmente incapaz de crear expertos. Puede crear personas con conocimiento teórico. No es lo mismo.

Lo mismo aplica para el término profesional. Muchos creen que el título universitario te hace profesional. La realidad es que actuar de manera profesional tiene que ver con un conjunto de comportamientos, actitudes y valores que guían cómo una persona desempeña su labor, con o sin cartón. El tiempo y la intención son los únicos que determinan si alguien actúa con profesionalismo. Un título solo certifica que en algún momento alguien creyó que sabías suficiente para pasar una prueba estandarizada.

Lo que más me molestó del posteo original no fue el argumento. Fue el gesto detrás. Apuntar con el dedo al que hace un curso de fin de semana es un acto de mirar en menos al que está empezando. Y eso habla más de quien lo hace que de quien lo recibe. Porque ese curso de fin de semana, seguido de práctica intencionada y constante, es exactamente el proceso que crea a los expertos reales del futuro. No en cuatro paredes. En el cruce entre el conocimiento y la experiencia continua.

El conocimiento no es un monopolio. No es un punto de llegada. No se mide en títulos.

Se mide en resultados acumulados en el tiempo.

Actúa con profesionalismo para que algún día seas un experto. Y enfócate en tu propio viaje.

El del resto no es asunto tuyo.


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