Es tan difícil/maravilloso verlas crecer

Este fin de semana me tocó vivir una linda experiencia. Un viaje familiar con un objetivo principal: la competencia de mi hija de 7 años de gimnasia en La Serena.

Para nosotros como familia es la excusa perfecta para arrancarnos unos días de la rutina y aprovechar el impulso para disfrutar de esta pequeña aventura. Además tiene un componente que para nosotros es relevante y que apunta a cómo el deporte es parte de la vida de formación de nuestras hijas. A fin de cuentas es algo que nos tomamos en serio. Pero además hace énfasis en algo que hemos construido como familia: estar ahí para apoyarnos en estos momentos. Muchas veces nuestra vida gira en torno a este tipo de eventos. Y eso es intencionado. Así queremos que sea esta etapa de la vida.

La competencia era el domingo así que estuvimos un par de días disfrutando de la playa de La Serena y culminamos la aventura con la presentación de la Chiki. Es maravilloso acompañarla en este tipo de eventos. Porque por más que estás con ella en las tribunas, ella tiene que hacer todo sola. Es su esfuerzo y sus entrenamientos los que se reflejan en su desempeño. Por más que uno quiere ayudarlos, simplemente tiene que hacer de espectador y dejarlos equivocarse. Dejarlos enfrentarse a la adversidad y aceptar que el resultado es solo una parte del proceso.

La Chiki estuvo las últimas semanas entrenando mucho. La verdad es que su academia se toma muy en serio la competencia. Para mí a veces es mucho el énfasis que le dan. En parte siento que mueven todo el foco de la formación hacia el desempeño en competencia. Pero observándolo también veo cómo logran que a los niños les importe. Les dan ese extra de desafío que los pone incómodos, que los lleva a sentir la adrenalina de estar expuestos a que otros valoren su esfuerzo. Los pone en la posición de ver si se lo merecen. ¿Es duro? Por supuesto. Pero también es un tremendo aprendizaje.

Durante la mañana de la competencia la Chiki estaba nerviosa. Los que la conocen saben que siempre está hablando sin parar y moviéndose de lado a lado. Estaba un poco más callada. En un momento me dijo que estaba nerviosa. Solo pensé en cuánto quería abrazarla y protegerla. Pero no, el momento era otro. Solo atiné a decirle que los nervios estaban bien, que eso es porque le importaba, y que tenemos que enfrentarnos a las cosas que nos importan aunque a veces sea incómodo. Solo me sonrió y me dio un abrazo, como es la Chiki.

Cada uno de los aparatos me los sufrí. Durante los segundos que dura su rutina casi no logro respirar. Pero lo que más destaco de todo el proceso es lo feliz que la veo siendo parte del evento. A pesar de su nerviosismo la veía bromeando todo el rato con sus compañeras. Bailando, jugando, conversando, siendo la Chiki. Cuando era su turno la veía tomar un gran suspiro y comenzar llena de entusiasmo. Durante esos momentos la cantidad de emociones que vivo son realmente indescriptibles. El orgullo que siento al verla superar estos obstáculos, al enfrentar sus batallas, me genera un nivel de emoción desbordante. Es una mezcla de alegría, orgullo y entusiasmo que simplemente no sé cómo describir. Poder estar ahí en esos minutos para ella. Acompañándola en estos desafíos que no son más que un juego, pero que cumplen el rol de prepararla para el futuro. Un juego intencionado, con consecuencias, con exposición. Que no siempre se va a sentir bien, pero que siempre va a enseñar tanto.

La premiación fue un capítulo aparte. Ganó su franja en el overall. La pude ver con su enorme sonrisa subirse al podio y grité como su mayor fan. Por un segundo me dio lo mismo qué pensara el resto. Solo quería gritarle y decirle cuánto la quiero y cuán orgulloso me siento de ser su padre y verla crecer.

Cuando la llamaron al podio ella no aparecía. Después me enteré que pensaba que estaba en otra franja, una que ya habían premiado, y estaba un poco triste porque no la habían llamado para darle su medalla de participación. Al final era solo un malentendido. Y cuando la llamaron le costó un poco entrar en razón que era para ella. Que había ganado. Que todo su esfuerzo, el viaje en familia, los días de entrenamiento extra, todas esas rutinas de suelo que hizo en casa, cada uno de esos "mami mira" habían dado frutos y le entregaban un premio y un reconocimiento a todo su trabajo. No tengo palabras para describir su sonrisa arriba del podio en ese momento. Pasar de la tristeza a la alegría tiene un componente de montaña rusa emocional fantástico que nos permite entender un poco la dualidad de las emociones.

Sacó un par de segundos lugares en dos aparatos y ganó el overall. Pero lo que realmente ganó este fin de semana es ver el fruto de su esfuerzo. A veces no tiene que ser perfecto para sentir que las victorias son nuestras. Ganó saber que su familia está ahí para acompañarla en las cosas que le importan, pero que es ella la que tiene que recorrer el camino, aunque sea incómodo.

La Chiki crece y crece. Con cada paso la acompaño y aprendo yo un poquito más. Aprendo de cómo cada una de estas experiencias la transforman y de lo afortunado que soy de poder acompañarla. Estar a su lado. Tengo la posibilidad de ser un espectador en primera fila de su desarrollo y crecimiento.

Es tan difícil verla crecer.

Es tan maravilloso verla crecer.

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