De Coach a CEO

Hace un tiempo comencé con un programa llamado "De Coach a CEO". El objetivo era claro: ayudar a dueños de boxes a transitar el proceso de ser el coach en su negocio a tomar el rol de CEO. A pesar de que pareciera algo obvio, el camino no ha sido tan simple como esperaba. Hay mucho trabajo en la identidad y en las historias que tenemos construidas en nuestra cabeza que hacen el proceso más complejo de lo que imaginaba.

Y eso me sorprendió. Porque en la práctica, la parte técnica no es tan difícil.

Entregar las herramientas de organización y gestión, trabajar en sistemas y procesos, eso tiende a ser más tedioso que complejo. Están más en el plano de cosas que tienes que hacer. Son temas a los que no estamos tan expuestos cuando somos coaches, por lo que no los entendemos bien y hay que dedicarles tiempo. Nadie parte construyendo un box porque sueña con armar un P&L o grabar videos en Instagram. Es difícil lograr enfocarse en todo esto. Pero no pensé que sería tan difícil.

Lo que me ayudó a entenderlo fue mirar mi propio camino.

Yo hice un proceso bastante extraño. Antes de partir Acción venía del mundo de la administración y las finanzas. Mi experiencia profesional rondaba temas de empresa, finanzas, logística, marketing, ventas. Todos conceptos con los que trabajé durante mi etapa corporativa. Esto hace que mi camino fue al revés: de CEO a Coach.

Y también me costó. No por los conocimientos. Sino porque requirió que abandonara mi antigua identidad. Que dejara de creer que un CEO tenía que verse de tal manera y pudiera construir mi propia versión. Cuando entendí que ser el CEO de mi empresa era lo que me interesaba y que eso no respondía a lo que otros creían que debería ser, algo cambió. No iba a ser ni el gran CEO ni el gran Coach del ideal. Pero estaba de acuerdo con renunciar a ese ideal para abrazar quien yo realmente quería ser.

Eso mismo es lo que veo en mis mentoriados. Y es lo más complejo del proceso.

Tienen las ganas de cambiar, pero no lo logran. Pasar de la intención a la acción se vuelve tortuoso. ¿Por qué? Porque la única manera de avanzar no es diciéndoles lo que tienen que hacer. Es que ellos empiecen a construir su nueva historia. Su propia versión de lo que significa ser el CEO de su box. Si tan solo se tratara de pasarles información esto sería fácil. Pero no. Requiere derribar murallas de ideas y conceptos que han ido construyendo en sus cabezas.

"Yo soy malo para los números." "Yo no leo libros." "Me cuesta concentrarme." "A mí me gusta hacer clases, no estar sentado en un escritorio." Todas estas historias son las ideas limitantes que no los dejan avanzar. Que los hacen creer que no pueden hacer esta tarea. Pero no se trata de lo que no pueden hacer. Todos partimos sin saber, sobre todo aquello de lo que nunca nos hemos interesado. Y requiere más esfuerzo al principio. Esta lucha constante con la identidad va mermando la confianza hasta que creen que no hay caso. Que simplemente no son para esto.

Y tiene sentido que se sientan así. Nadie abre un box pensando en hacer estas cosas. La mayoría se imagina algo más parecido a entrenar, a compartir con la comunidad, a celebrar PRs. Y a pesar de que todo eso suena genial, lamentablemente es solo una pequeña parte de la historia.

¿Cómo construimos esta nueva identidad? Esa es la reflexión que me queda de este proceso. Y la tarea es compleja. Pero me entusiasma.

Todo está en entender bien qué buscan lograr y construir un plan que permita llegar ahí. Igual que como lo hacemos con nuestros alumnos entrenando. Comenzar es difícil, se siente incómodo. Son las pequeñas victorias, es pensar en la persona que quieres construir, lo que va generando el cambio. La necesidad de despojarse de las identidades que ya no cumplen su función y abrazar esta nueva versión que te va a permitir alcanzar lo que realmente quieres lograr.

Esto hace que los procesos que estoy haciendo sean más difíciles. Pero mucho más enriquecedores.

El último año he ido tomando nuevas herramientas, aprendiendo de grandes mentores, y estoy más preparado que nunca para acompañar estos procesos de cambio.

Aprender a ser el coach que siempre quise ser.

No el que tiene todas las respuestas. El que tiene las preguntas correctas.

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