Acción La Florida, un recuerdo

Han pasado varios años desde que cerré Acción La Florida. Todavía duele. No como una herida abierta, sino como una cicatriz que a veces aprieta cuando la tocas. Y creo que ya pasó suficiente tiempo como para contarlo bien, sin el filtro del orgullo herido ni la necesidad de justificarme.

Lo cuento porque cada semana converso con dueños de boxes que me dicen lo mismo: "Quiero abrir una segunda sucursal." Y en esa declaración reconozco exactamente dónde estaba yo en 2015. Lleno de energía, con los números acompañando, convencido de que el momento era ahora.

Cometí varios errores. Los voy a contar para que no los cometas tú.

Pero primero la historia.

Corría el año 2015. La sucursal de Providencia pasaba los 500 alumnos. El CrossFit estaba comenzando su peak de popularidad en Chile y llegaban nuevos alumnos constantemente. Los números nos acompañaban y el éxito te va nublando de cierta manera, te hace sentir invencible. Así que empezamos a buscar una segunda sucursal.

La búsqueda no fue fácil. Locales con patentes en regla, con el espacio necesario, en las comunas que buscábamos. Meses sin encontrar nada. Hasta que llamé a los dueños de un box llamado Guerreros CrossFit, con quienes había tenido contacto previo, y casi de manera casual les pregunté si habían pensado en vender. "Lo estamos vendiendo", me dijeron. "Y nos encantaría vendérselo a ustedes."

Ahí comenzó el primer error.

No éramos los únicos interesados. Uno de los coaches del proyecto también quería comprarlo. Se generó una puja. Y en ese momento tomé una de las peores decisiones de todo el proceso: decidí ganar a cualquier precio. No porque el negocio lo valiera. Sino porque sentía que yo era más que ellos. Que Acción CrossFit tenía que ganar. Puro ego. La negociación terminó con "iguala la oferta y se lo quedan ustedes." Pagué un 25% más de mi propio límite. No respeté mis propias reglas. Pero teníamos una nueva sucursal.

Lo que vino después fue una acumulación de errores.

Las proyecciones no sirven para nada si compras una comunidad.

Partimos con 200 alumnos en noviembre de 2015. A los dos meses teníamos 90. El primer aprendizaje brutal: nunca compres un derecho a llaves evaluando la facturación actual. La comunidad de Guerreros CrossFit en su gran mayoría se disolvió en el proceso. Fue casi como partir de cero, pero con la deuda de haberlo comprado caro.

Fui un pésimo líder. Este es el que más duele.

Dejamos a los coaches originales del lugar. Creí que después de haber ganado la puja todos iban a aceptar la derrota y sumar al proyecto. No fue así. Se dedicaron a abrir su propio proyecto en paralelo y se llevaron alumnos en el proceso. Fui ingenuo y pagué el precio. Pero eso no es lo que más me pesa.

Lo que más me pesa es lo que vino después. Pasé meses pivoteando de opción en opción, sin sentarme a hablar de verdad con nadie. Le pasé el proyecto a personas sin explicarles qué significaba eso. Traté de liderar desde lejos, creyendo que la gente iba a entender sola lo que quería. No lo entendieron. Porque yo nunca lo expliqué. Fui la peor versión de un líder que puede existir: el que abdicó en vez de delegar, el que esperó que las cosas funcionaran solas, el que nunca construyó el equipo que el proyecto necesitaba.

Quisimos replicar Providencia en La Florida.

Nuestro ego estaba por las nubes. Así que lo lógico era copiar exactamente lo que funcionaba en Providencia. Compartíamos coaches entre sucursales, lo que generó descontento e hizo que ir a La Florida se sintiera como un castigo. Con el tiempo aprendimos que La Florida era otro proyecto, con su propia comunidad y su propia identidad. Pero lo aprendimos tarde.

Subestimé la burocracia.

Los problemas de patentes y la relación con la municipalidad fueron una piedra en el zapato desde el día uno. Cierres constantes, problemas con vecinos, pésima relación institucional. Nunca lo resolví. Y finalmente fue una de las razones del cierre. Si pudiera volver atrás, nunca habría comenzado ese proyecto en ese local. Los problemas de patentes no son fáciles de solucionar y pueden terminar con cualquier negocio.

Creí que estaba listo.

Gran parte del éxito inicial de Acción tuvo que ver con la fortuna. Estar en el momento preciso, en el lugar preciso. No fui capaz de verlo. Dejé que el ego se inflara y fui con todo a golpearme contra la realidad.

Después vino la pandemia. Y con ella, las decisiones más difíciles.

Veníamos muy dañados. Seguir peleando por La Florida me desenfocaba de salvar el proyecto completo. Tuve que aceptar la derrota para salvar el resto. Cerrar La Florida no fue una señal de fracaso. Fue probablemente la mejor decisión de liderazgo que tomé en todo ese proyecto. A veces saber cuándo soltar es más importante que saber cuándo aguantar.

Nunca recuperé la inversión total. Por la mayor parte del tiempo el proyecto funcionó con pérdidas. Recién el último año y medio logramos números azules. Cuando cerré, había recuperado el 50% de lo perdido.

Conocí a personas maravillosas ahí Y parte de ese equipo todavía trabaja conmigo hoy.La comunidad que se formó fue de las más lindas que hemos construido. 

Si estás pensando en abrir tu segunda sucursal, lee esto de nuevo. No para que no lo hagas. Sino para que lo hagas mejor de lo que lo hice yo.


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