Soy un chanta

El miedo a ser chanta aparece en mi cabeza cada cierto tiempo. Para los que no son chilenos: chanta es alguien poco confiable, que simula virtudes que no tiene, que engaña. No es algo que nadie aspire a ser. Y sin embargo, es uno de los miedos que veo como los paraliza a todos.

Incluido yo.

Lo que nadie dice en voz alta es esto: todos somos chantas al principio. Sin excepción. Nadie nació sabiendo. Nadie fue bueno en algo antes de haber sido malo en eso mismo. El problema no es ser chanta. El problema es creer que los títulos te protegen de serlo.

Y ahí es donde el sistema te tiene atrapado.

El sistema educativo está diseñado para hacerte creer que la especialización es sinónimo de valor. Que mientras más títulos tengas, mientras más certificaciones acumules, menos chanta eres. Es un negocio perfecto: te venden el alivio de una incomodidad que nunca va a desaparecer de esa manera. Porque lo único que te quita la sensación de chanta no es un diploma. Es exponerte a aplicar lo que sabes y ver si funciona en la realidad.

Eso duele. Eso tiene costo. Sentarte a estudiar no tiene costo inmediato. Salir a aplicar lo que sabes frente a personas reales, con problemas reales, sí. Ahí te pueden decir que eres un chanta. Ahí te pueden juzgar. Y eso es exactamente lo que la mayoría evita, llenándose de cursos, de certificaciones, de títulos que nunca se ponen a prueba.

El resultado: chantas con título.

Yo me entiendo hoy como un ingeniero que resuelve problemas. No en el sentido corporativo de la palabra o por lo que me entregue mi título. En el sentido literal: alguien que usa el ingenio, que toma herramientas de distintas disciplinas y las aplica donde hacen falta. He leído más de 250 libros de temáticas distintas. He hecho cursos de coaching de hábitos, de nutrición, de mindset. Llevo catorce años aplicando todo eso en personas reales, viendo qué funciona y qué no. Y lo que aprendí en ese proceso no se parece en nada a lo que aprendí en la universidad. No hablo de que el estudio no tenga cabida. Me refiero a que la información, sin aplicación, sin retroalimentación, no tiene resultados. Y sin resultados al final eres un chanta. 

Lo que aprendí es que el valor real no está en cuánto sabes de una sola cosa. Está en la capacidad de cruzar fronteras entre disciplinas y aplicar lo que sabes donde nadie más lo está aplicando.

Veo cómo la psicología influye en la venta. Cómo el liderazgo trasciende los roles. Cómo entender de finanzas me hace mejor coach. Cómo cuidar mi fitness afecta mi capacidad de tomar decisiones. Cómo cada área que exploro me da herramientas que mejoran todas las otras. Eso no lo enseña ninguna especialización. Lo enseña la exposición constante a problemas reales con herramientas diversas.

El generalista no tiene cabida en el sistema actual. El sistema premia al especialista, lo certifica, lo legitima. Al generalista lo llama chanta. Y eso es exactamente el mecanismo que usa para mantenerte predecible, para mantenerte dentro de los límites que él mismo define. No me malentiendan, el especialista es importante, es necesario, pero no es lo único valioso. Creo que necesitamos más generalistas y menos especialistas.

La persona que llega a una asesoría no necesita a alguien que sepa todo de una sola cosa. Necesita a alguien que pueda ver su problema desde múltiples ángulos, que tenga herramientas de psicología, de hábitos, de negocio, de movimiento, de liderazgo, y que sepa cuándo usar cada una. Eso no lo da la especialización. Lo da la curiosidad sostenida y la valentía de aplicar lo que aprendes antes de sentirte listo.

Porque nunca vas a sentirte listo. Ese es el secreto que nadie te cuenta.

El beginner's mindset, esa sensación de que no sabes suficiente, no desaparece con más títulos. Se convierte en tu mayor ventaja cuando aprendes a vivir con ella en lugar de huir de ella. Los mejores profesionales que conozco no son los más especializados. Son los más curiosos. Los que cruzan barreras que solo existen en la cabeza de los demás.

¿Y cómo sabes si alguien es realmente un chanta?

Por los resultados. No por los títulos. No por el CV. Por lo que produce cuando se enfrenta a un problema real. Eso es lo único que cuenta. Y para producir resultados, primero tienes que exponerte. Tienes que aceptar que vas a sentirte chanta un tiempo. Que alguien te va a mirar raro. Que vas a fallar en algo antes de acertar.

Eso no es ser chanta. Es aprender.

Todos somos chantas hasta que nos ponemos a prueba. La diferencia está en quién decide ponerse a prueba a pesar de eso.

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