Todo comienza por un NO

¿Cuál es el valor de tu trabajo?

Esta pregunta es incómoda de manera natural. Se siente extraña, el impulso es contestar rápidamente enumerando todo lo que entregas. Muchos al escuchar esa pregunta se van a ir a su carrera, van a responder acerca de su profesión. Otros rápidamente justificarán su valor con los ejemplos de quienes ya les han pagado en el pasado. En muchos casos algunos empezarán a enumerar un listado de cualidades que deberían hacerlos valiosos. "Yo me preocupo realmente por las personas", "yo soy profesional en mi trabajo", "tenemos las mejores instalaciones". Algunos usarán la universidad, el instituto o los diplomas para justificar su valor. Pero a pesar de todas estas vueltas la pregunta incómoda persiste.

¿Cuál es el valor de tu trabajo?

Acá es donde la pregunta debería cambiar. Y creo que es importante preguntarse algo distinto.

¿Para quién es valioso mi trabajo?

El valor está en el resultado que puede generar tu trabajo. Y ese resultado no tiene el mismo valor para todos, depende 100% de la persona con la que estás trabajando.

Bajar 5 kilos para una persona que necesita dar el peso para una pelea.

Bajar 5 kilos para una persona que está comenzando un proceso de recomposición corporal.

Bajar 5 kilos para una persona que se está preparando para su matrimonio.

El resultado es el mismo, pero el valor de ese resultado es distinto para cada persona. Tiene que ver con sus deseos, sus preferencias, sus prioridades. Eso es materia del resto y no podemos controlarlo. Por eso resulta relevante poner tu trabajo en los lugares donde es más valioso y dejar de hacerlo para aquellos que no lo valoran. El problema no es tu trabajo, no es tu valor. El problema es que quieres ser igual de valioso para todos.

En Acción llevamos 13 años aprendiendo eso. Y con el tiempo fuimos refinando cada vez mejor para quién sí somos valiosos. Las conversaciones que muestran el valor de lo que hacemos no incluyen muscle ups ni proezas físicas. Todas hacen referencia a cambios más profundos. Como en lo que hacemos encontraron un espacio para ellos. Cómo los cambió en niveles que no tienen nada que ver con lo físico. Cómo encontraron personas que los acompañan en el día a día y cómo lograron volver a recuperarse a sí mismos. A esas personas queremos ayudar. Para ellos somos valiosos. Por eso hace tiempo dejamos de querer entrenar a deportistas buscando proezas físicas que al final no le importan tanto a nadie, ni siquiera a ellos mismos. Aprendimos a decir que no. Y ese no nos liberó para decirle que sí a quienes realmente nos valoran.

Por eso se hace relevante aprender a decir que no. Porque cada vez que le dices que sí a quien no te valora estás perdiendo la posibilidad de trabajar con quien sí realmente te valora. Estás perdiendo la oportunidad de hacer tu mejor trabajo. Y seamos francos, queremos que nos paguen por nuestro mejor trabajo. No por nuestra versión mediocre. Nuestro valor recae en el lugar donde brillamos. Donde nuestro trabajo da resultados excepcionales. Los otros resultados no construyen confianza. No construyen valor.

La próxima vez que te preguntes: ¿cómo les muestro el valor de mi trabajo? ¿Cómo los convenzo de que mi trabajo es valioso?

Cambia la pregunta.

¿Quiénes realmente me valoran? ¿Para quiénes soy valioso?

Es el momento de responder esa pregunta. Dejar de querer ser para todos y empezar a darle el valor a tu trabajo.

Y todo comienza por un NO.



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