Estás cavando la tumba de tu emprendimiento

Hay una conversación que tengo una y otra vez con dueños de boxes. Siempre llega al mismo punto. Cuando toco el tema de la rentabilidad, aparece la cara. Esa cara de "ah, pero no todo tiene que ser rentable" o "es que yo quiero ayudar a mis alumnos". Como si hablar de rentabilidad fuera una señal de avaricia. Como si preocuparte por la salud financiera de tu negocio significara que no te importan las personas.

No. Significa exactamente lo contrario.

Si no eres rentable, tu proyecto va a morir. Y cuando muera, no vas a poder ayudar a nadie. Esa es la única lógica que importa acá. No es mi definición de éxito que te estoy imponiendo. Son las reglas del juego. Y si no las cumples, el juego te expulsa. Así de simple.

Lo que me cansa, y voy a ser honesto porque creo que alguien tiene que decirlo, es la narrativa del mártir del CrossFit. Ese relato de "me preocupo tanto de mis alumnos que nunca me preocupo de mí". Eso no es servicio. Eso es autoengaño disfrazado de vocación. Y el resultado lo vemos todo el tiempo: proyectos con buenas intenciones, coaches genuinamente apasionados, comunidades reales, cerrando porque nunca fueron capaces de hacer las cosas rentables.

Buenas intenciones sin rentabilidad es solo una manera más lenta de fallar.

El pushback que recibo constantemente es este: "Ok, pero yo quiero hacer esto." Y cuando le digo que eso no es rentable, la respuesta es molestia. Como si yo estuviera frenando su sueño. Cuando la realidad es exactamente la opuesta. No me opongo al objetivo. Me opongo a perseguirlo de una manera que va a destruir el negocio antes de que llegues a él.

Haz lo que quieras hacer. Pero hazlo rentable. Y si no puedes hacerlo rentable, no lo hagas todavía. Porque hacerlo igual, sabiendo que no es rentable, no es pasión. Es una estupidez disfrazada de servicio.

Me gusta regalar cosas, entregar valor, construir comunidad. Todo eso me parece bien. Pero primero tienes que sobrevivir. Y para sobrevivir tienes que ser rentable. No un 2%, no "llegué al punto de equilibrio donde dejo de perder plata". Rentable de verdad. Con margen. Con capacidad de absorber un golpe. Con posibilidad de pagarle bien a tu equipo y pagarte bien a ti.

Eso no es avaricia. Es la condición mínima para que tu proyecto exista el año que viene.

No me interesa que tu box se vea como Acción. No me interesa imponerte mi modelo. Quiero ayudarte a construir tu sueño. Pero también tengo que ser honesto: no voy a acompañarte a cavar tu propia tumba sonriendo.

Si no eres capaz de entender que la rentabilidad no es un capricho sino una condición de sobrevivencia, si sigues eligiendo el martirio sobre la sostenibilidad, si prefieres cerrar con una linda historia de "lo intenté todo por mis alumnos" en vez de construir algo que dure, eso es tu decisión.

Pero no me pidas que te ayude a hacerlo.

Construye tu éxito. Define tu propio camino. Pero no pierdas de vista las reglas del juego.

Porque si las ignoras, estás cavando la tumba de tu emprendimiento.

Y tarde o temprano la vas a terminar.


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