¿Acaso ya no me importa el resultado de mi negocio?

Hace unas semanas tuve un extraño buen día. Lo llamo extraño porque en el papel todo era bueno, pero no se sentía así. Estaba revisando los números del mes, chequeando el estado de resultados, el flujo de caja, los números de la cartera. Iba viendo cada uno, comparándolo con el año anterior. Todo parecía en orden. Estamos creciendo, los números se acercan al presupuesto, los niveles de clases grupales se mantienen estables y crecemos en los servicios de alto valor. La rentabilidad mejora, las ventas son mejores. Todo avanzando en la dirección correcta.

Y no sentí nada.

Soy riguroso con los números. Es algo que hago desde el primer día que comenzó el negocio. Por lo general en estos ejercicios me encuentro con realidades contrapuestas, siempre hay cosas que van funcionando y otras que no. Es extraño tener meses donde todo pareciera funcionar perfecto. Pero cuando eso pasó, no se me generó alegría. No me pasó absolutamente nada. Eso fue lo que principalmente me llamó la atención. Lo apático que me resultaron los buenos resultados.

Me quedé un largo rato reflexionando al respecto. Traté de entender qué pasaba en mí. Por qué no sentía nada.

Eventualmente lo comprendí. O al menos creo que así fue.

Simplemente no sentí nada porque no logré nada tan importante. Las metas financieras son importantes, muy importantes, pero no es la razón por la que me importa lo que hago. No es la razón de lo que busco día a día. El proyecto tiene otros objetivos, mucho más relevantes, que son los que me hacen levantarme cada mañana. Cumplir la meta de ventas del mes se siente bien, pero no es más que un segundo de satisfacción que viene seguido de "¿y cuál es la meta de este mes?". Porque nunca se ha tratado de la meta.

Tal vez si el proyecto estuviera en peligro el resultado financiero pasaría a ser más importante. Sería la posibilidad de seguir luchando otro día. Pero los resultados positivos no cambian en mucho lo que hacemos. Nos dan la posibilidad de seguir haciéndolo. De seguir intentándolo. Eso es lo que me pone feliz del resultado. Que me abre la oportunidad de resolver otros problemas. De buscar nuevas maneras de que las personas se mantengan en movimiento.

A eso apunto al final. No logro rentabilidad. La rentabilidad es lo que necesito que suceda para lograr impactar la vida de las personas a través del deporte. Es lo que me permite dedicar mi vida a esto que me apasiona. Una condición necesaria para cumplir mis objetivos, pero no un objetivo en sí mismo.

Desde el día que comencé, uno de mis principales motores de motivación tenía que ver con no tener que volver a buscar trabajo. No volver a trabajar para otro nunca más. Simplemente no me gustó y me gusta mucho más este camino. No celebro el resultado por el número. Lo celebro por lo que significa.

La posibilidad de dedicar mi vida a esto que amo.

Un día más.....

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