El juego infinito del movimiento
Llevo años haciendo asesorías y hay una conversación que se repite constantemente. La persona llega con energía, con ganas de cambiar, con una imagen clara de lo que quiere lograr. Empieza fuerte. Y después de un tiempo, la motivación se apaga. Abandona. Y vuelve a empezar desde cero con lo mismo, esperando que esta vez sea diferente.
No es falta de voluntad. No es que algunos tengan motivación y otros no. Es que nadie les explicó cómo funciona realmente el movimiento en la vida de una persona.
El problema más común que veo es este: algo gatilla el inicio. Muchas veces es el miedo. Un familiar que enferma, un médico que advierte, un espejo que incomoda. Ese miedo es un motivador poderoso en el momento, pero tiene un defecto estructural: no se mantiene. Para que el miedo siga funcionando como motor tendrías que estar constantemente asustado. Y vivir con miedo construye una relación tóxica con el ejercicio, no una duradera.
Lo que necesitamos no es más miedo. Es encontrar el amor.
Amor por algo que quieres poder hacer. Amor por la persona que quieres ser. Amor por los que te rodean y por quienes quieres estar bien. Esa es la diferencia entre un intento más y un hábito que dura toda la vida.
Pero para llegar ahí hay algo que primero necesitamos entender: actividad física, deporte y entrenamiento no son lo mismo. Los usamos como si fueran intercambiables y eso genera una confusión que termina saboteando cualquier proceso.
La actividad física es simplemente moverse. Caminar, subir escaleras, ir al supermercado a pie. Hemos construido un mundo donde eso ya no es necesario, y eso tiene un costo silencioso en nuestras capacidades físicas. Mantenerla en el día a día es el primer pilar.
El deporte es actividad física con entretenimiento. Es lo que disfrutas, lo que enciende algo en ti, lo que harías aunque no "contara" como ejercicio. Cada persona tiene el suyo, o debería encontrarlo. Es el que mantiene viva la pasión por el movimiento.
El entrenamiento es actividad física con un objetivo de salud o rendimiento. No siempre es entretenido. A veces es difícil y exige. Pero cumple un rol que nada más puede cumplir: preservar las capacidades físicas que te permiten hacer todo lo demás.
El error más costoso es pedirle a una sola actividad que cumpla los tres roles al mismo tiempo. Cuando eso pasa, eventualmente falla en todos.
Yo lo viví. Llevo más de trece años haciendo CrossFit. En algún momento, después de años de entrenamiento, sentí que algo se había apagado. No dejé de entrenar, pero lo que alguna vez me encendía ya no lo hacía con la misma intensidad. Y fue en ese momento cuando decidí probar el Jiu Jitsu.
No porque el CrossFit hubiera dejado de servir. Sino porque necesitaba un deporte. Algo que me desafiara de una manera diferente, que me pusiera en situaciones nuevas, que volviera a encender esa llama. Y lo que pasó fue revelador: cuando encontré mi deporte, CrossFit dejó de tener que ser todo. Dejó de ser mi motivación y pasó a ser mi entrenamiento. Su rol cambió, y al cambiar, encontré un valor que siempre estuvo ahí pero que no había podido ver.
La respuesta, curiosamente, siempre estuvo en la pirámide de CrossFit. La metodología lo dice desde el principio: entrenamos para poder practicar deportes. El entrenamiento soporta al deporte. Pero tardé años en vivirlo de verdad.
Hoy entreno por amor. Por amor al arte marcial que descubrí tarde y que me desafía de una manera que no esperaba. Por amor a mi familia, porque quiero ser un padre fuerte y capaz, no por miedo a la decrepitud sino porque quiero estar bien para ellos. Esa razón no se apaga. No depende de un gatillo externo. Viene de adentro.
Si llevas tiempo intentando retomar la actividad física y sintiéndote frustrado porque la motivación va y viene, la pregunta no es cómo conseguir más motivación. La pregunta es cuál es tu juego. No el que deberías jugar, el que realmente quieres jugar. ¿Qué siempre quisiste probar? ¿Qué te gustaría poder hacer con tu cuerpo? ¿A qué sueños de infancia nunca les diste una oportunidad?
Empieza por ahí. Encuentra tu deporte. Construye el entrenamiento que lo soporte. Y mantente activo en el día a día.
No se trata de motivarte para siempre. Se trata de encontrar tu juego infinito. Ese en el que no buscas el final porque el camino en sí vale la pena.
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