Dejemos de mentirnos

Llevamos años diciéndole a la gente que hay que hacer cosas difíciles. Esfuerzo, que la disciplina, que hay que enfrentarse a lo incómodo. Y es todo mentira.

Mentira no porque sea falso. Mentira porque no somos honestos sobre lo que realmente es difícil para cada uno.

Llevo entrenando aproximadamente 25 años de manera regular. Entrenar no es difícil para mí. Dejó de serlo hace mucho tiempo. Hoy es un hábito, algo que hago con gusto, algo que mi cuerpo agradece y acompaña. No hay esfuerzo real ahí. Lo que hay es un hábito bien construido, hay identidad. Pero no hay mucho de ponerse incómodo en eso en la actualidad.

Este fin de semana estuve en una conferencia durante dos días. Tuve que acercarme a personas que no conocía para entablar conversaciones. Tuve que hablar en un idioma que no manejo con fluidez. Tuve que ir a almorzar con desconocidos, sentarme en mesas donde no conocía a nadie, romper el hielo una y otra vez. Eso sí me resulta difícil. Eso sí me puso incómodo una y otra vez. Cada mañana al partir el día sentía esa sensación extraña, ese miedo.

Tengo un amigo que siempre viene a la conferencia, Luis Enrique, que conecta con las personas de una manera que envidio, que admiro. Se acerca, conversa, fluye. Parece natural, parece fácil. Y me costó darme cuenta de que no es un talento. Es la cantidad de repeticiones que ha hecho enfrentándose exactamente a eso. En algún momento probablemente tampoco era fácil para él, no lo se. Pero se ve natural, parece magia. 

¿Cómo me convierto en eso?

Durante esos dos días tomé una decisión consciente: cada vez que quería refugiarme en alguien conocido, me alejaba. Me senté a desayunar solo y terminé conversando con Mitch, 26 años, muchas ganas y comenzando un gimnasio. Fui a almorzar con un grupo de europeos donde no conocía a nadie, sólo Rickard, la única persona familiar. El se sentó al otro lado de la mesa. Me quedé con Jolene, una de las mentoras de 2 Brain más exitosas, me quedé conversando con una dueña de box de Suiza que había dejado un postdoctorado para abrir un gimnasio, en otra comida, donde no conocía a nadie, me quedé conversando con otros que llevaban 8 y 18 años en esto, también otro que recién comienza. Cada conversación incómoda abrió algo, cada silencio incómodo superado, cada pregunta formulada en un idioma que me hace sentir más inseguro es una posibilidad, una perspectiva, una conexión que no existía antes.

Y mientras todo eso pasaba, me sentía pequeño. Veía dueños de negocio que realmente están cambiando la industria y sentía que no había hecho nada. Que no estaba avanzando. Que estaba muy lejos de donde deberían estar. Las conversaciones, a pesar de fluir bien, no me llenaban de confianza, me entregaban esperanza, pero también me mostraban lo poco que he logrado, lo cómodo que aún me encuentro día a día. También me revelaba algo.

Estoy exactamente en el lugar donde tenía que estar.

Esa tensión, sentirte pequeño pero saber que es el lugar correcto, es la sensación que deberíamos estar buscando más seguido. No la comodidad del entrenamiento que ya dominamos. No la rutina que ya no nos cuesta. La incomodidad real de crecer.

Y acá es donde necesito ser honesto con la industria del fitness en Chile.

Hoy estamos viendo la quiebra de grandes actores. Empresas que se mantuvieron durante años, que parecían sólidas, que están cayendo. Desde mi perspectiva tiene que ver con algo simple: no evolucionaron. El mercado del fitness en Chile lleva años atrapado en los mismos preceptos, en los mismos modelos, en la misma comodidad de hacer lo que siempre funcionó. Y eso que alguna vez fue difícil, construir el negocio, llenar las clases, retener alumnos, se fue convirtiendo en rutina. En algo conocido. En algo que ya no incomoda.

Y lo que no incomoda no te hace crecer.

Yo llevo años en CrossFit, que ya no está de moda. He tenido que hacer cambios incómodos, difíciles, uno tras otro. Estar en esta conferencia es incómodo y difícil. Ser el único de Latinoamérica en ese espacio hace cuatro años, y seguir siendo básicamente el único, es incómodo y difícil. Pero esa incomodidad es la que me mantiene avanzando.

Lo que me preocupa es que como industria seguimos creyendo que hacemos cosas difíciles cuando en realidad ya no las hacemos. Seguimos atrapados en los descuentos de siempre, en los modelos de siempre, en las conversaciones de siempre. No nos estamos poniendo en los espacios donde deberíamos estar. No nos estamos codeando con quienes deberíamos. No estamos teniendo las conversaciones que necesitamos tener.

Porque cambiar es difícil. Y quedarse es fácil. Y llevamos demasiado tiempo confundiendo las dos cosas.

La primera vez que vine a esta conferencia dije que quería ver más dueños de boxes de CrossFit en esa sala. Cuatro años después sigo siendo el único.

He fracasado? Indudablemente. 

Pero también dice algo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Y porqué aún no dejamos CrossFit?

Cuando el liderazgo nos falla

3 errores al emprender que podrían estar matandote lentamente.