Y si tus sueños se hicieran realidad?
Una de las características más asombrosas de los seres humanos es la capacidad de soñar. De imaginar realidades que todavía no existen. Los sueños nos entregan la oportunidad de ver un futuro mejor, de creer que por más difícil que sea lo que estás viviendo hoy, existe algo más allá que puedes construir.
Amo emprender por eso. Por esa capacidad aventurera de volver los sueños realidad.
Recuerdo mis primeros sueños de un box de CrossFit. Lo soñé en más de una ocasión, durante las noches y despierto. Imaginaba los entrenamientos, las personas entrenando, un espacio lleno de energía. No tenía una forma clara, pero tenía una fuerza que me hacía creer que había algo más. Y con el tiempo lo construí. Acción nació de esos sueños, de esa imagen incompleta que fui llenando con trabajo, con equipo, con comunidad.
Pero los sueños tienen una cara que nadie te advierte.
A medida que avanzas, la imagen que tenías en la mente empieza a difuminarse. Lo que querías lograr no se ve cercano a lo que soñaste. El negocio te pide más de lo que imaginabas. Empiezas a postergar: más adelante le daré más tiempo a mi familia, en un año vuelvo a entrenar, después arreglo lo de la plata. Y sin darte cuenta, eso que soñaste con tanta claridad se convierte en una prisión de la que no sabes cómo salir.
Yo lo viví.
Cuando llegó el COVID, mi emprendimiento, mi proyecto y yo nos fuimos al carajo. Todo lo que había construido durante años se tambaleó de una manera que nunca imaginé, ni en mis peores pesadillas. Y en ese momento descubrí algo que nadie te cuenta sobre emprender: cuando las cosas van bien, todos quieren estar contigo. Cuando te caes, estás solo.
Casi solo.
Tenía un mentor, Peter, con quien trabajaba en un sistema de mentoría que yo pagaba. Cuando el COVID me dejó sin poder pagar, Peter tomó una decisión que no tenía ninguna obligación de tomar. Siguió acompañándome. No por dinero. Por propósito. Por querer ver que yo saliera adelante.
Esa mano extendida en mi momento más oscuro lo cambió todo. No solo me ayudó a levantar el negocio. Me enseñó algo sobre el tipo de persona que quiero ser. Recuerdo haberme dicho en algún momento: eso quiero hacer con mi vida. Quiero ser eso para otros.
Porque emprender es hermoso, pero también es una de las experiencias más solitarias que existen. Y esa soledad no tendría que ser así. Hay personas que ya recorrieron el camino que tú estás recorriendo. Que cometieron los errores que tú estás cometiendo. Que estuvieron en el piso y encontraron la manera de levantarse. Y que están dispuestas a acompañarte, no a venderte un curso, sino a sentarse contigo, escucharte y decirte lo que necesitas escuchar, no lo que quieres escuchar.
Yo tuve esa suerte. Y desde ese lugar quiero ayudar a los que se perdieron en el camino y sienten que su emprendimiento se convirtió en una pesadilla. No tiene que ser así.
Si estás en ese momento, conversemos. No te prometo decirte lo que quieres escuchar. Te prometo decirte lo que necesitas escuchar.
Comentarios
Publicar un comentario