¿Y las vacaciones cuando?
Cuando les pregunto: “¿Cuándo fueron tus últimas vacaciones?” por lo general recibo miradas de desconsuelo, como si hubiese pasado demasiado tiempo desde ese “lujo”. Porque pareciera que, si estás emprendiendo, vacacionar es un lujo.
Casi siempre aparece la misma justificación, disfrazada de responsabilidad:
"Lo tengo planificado para el próximo año."
Y así llevas diciendo eso hace tres años.
Eventualmente lo logras. Te escapas 4 o 5 días. Al fin, tienes tu pequeña desconexión. Pero es tan poco que no alcanzas ni a extrañar tu trabajo. No alcanzas a sentir que quieres volver. Y te conformas con pensar que ya llegará nuevamente ese momento soñado de vacacionar, de escaparte, de respirar.
He escrito en varias ocasiones acerca del concepto del mártir emprendedor. Este esforzado personaje que lo está dando todo por sus sueños y que no va a parar, porque rendirse no es parte de su identidad. Que sigue a pesar de todo, y que por lo general pone su salud en juego con tal de alcanzar este objetivo esquivo de “hacer que funcione”.
Lo más triste es que muchas veces lo hace buscando exactamente lo contrario: ser su propio jefe, tener libertad, mejorar ingresos, hacer lo que ama.
Pero con el tiempo es incapaz de darse cuenta de que ninguno de esos objetivos se está cumpliendo.
Ser tu propio jefe termina siendo una trampa: en realidad, cada cliente es tu jefe.
La libertad de horarios se transforma en trabajar todo el día, todos los días.
Mejorar ingresos… mejor ni hablemos, pero te convences de que es una etapa.
Y “hacer lo que amas” se transforma en resolver problemas de patentes, contabilidad, marketing, finanzas, proveedores, reclamos, imprevistos.
Resolver esos problemas nunca fue parte de lo que amas.
Pero igual lo haces. Y te acostumbras.
Y así pasan los años.
Así pasa la vida del emprendedor.
Ahora quiero que repitas conmigo:
Tomarse vacaciones no es un lujo. Es tu deber como emprendedor.
No puedes vivir solo trabajando. Esto se trata de equilibrio. Y acá tengo que usar una analogía del entrenamiento: esto es exactamente como creer que entrenando más siempre vas a lograr mejores resultados.
La verdad es que depende.
La cantidad importa, sí. Pero existe un mínimo y un máximo. Menos de cierta dosis no sirve. Mucho también te destruye. Al final todo se trata de encontrar la dosis correcta.
Si estás emprendiendo, te pido por favor que agarres tu calendario y empieces desde ya a organizar tus próximas vacaciones. No tiene que ser algo rimbombante. No tiene que ser un viaje perfecto. Pero sí tiene que ser real.
Y ojo: no me refiero a “escaparte un fin de semana”.
Me refiero a desconectarte de verdad.
Me refiero a tomarte dos semanas.
A recuperar tu energía. A recuperar tu claridad. A volver a ser persona.
Porque recuerda esto: tú eres el piloto, tú eres el capitán de tu emprendimiento. Y sin ti este avión no despega. Cuidarte no es un premio… es una obligación.
Vengo llegando de unas lindas vacaciones con mi familia. Y en lo personal debo decir que no me gusta tanto vacacionar. Me desordena la rutina, y yo amo mi rutina.
Pero también soy capaz de identificar lo bien que me hace.
Vuelvo con más claridad.
Vuelvo con más energía.
Vuelvo con ganas de trabajar, con ganas de empujar, con ganas de construir.
Vuelvo con una visión renovada.
Y al final, cuidar esa visión es parte fundamental de tu proyecto. No puedes dejarlo de lado.
Empecemos a entender que tomarnos vacaciones no es un lujo. Es una práctica fundamental que sostiene el funcionamiento de nuestros emprendimientos.
Agéndalas ya. Y vuelve a recuperar vida antes de que tu negocio te la quite por completo.
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