Estar cómodos

¿Está bien estar cómodo?

Parto el texto con esta pregunta porque no tengo muy clara la respuesta. Mi instinto es responder que no. Creo que la comodidad nos estanca. Que nos aleja de nuestros objetivos. Que en la comodidad la vida pasa y nada ocurre. Es un estado que se siente bien, pero que a la vez nos apaga, nos aletarga, nos atrapa y nos convierte, con el tiempo, en una peor versión de nosotros mismos.
Entonces, ¿la comodidad es mala?

Lo primero que se me viene a la cabeza tiene que ver con el entrenamiento físico y con lo que he aprendido en estos años. El cuerpo busca la homeostasis, un equilibrio de sus sistemas. De cierta forma, busca comodidad. Cada vez que entrenamos, lo que hacemos es romper ese equilibrio. Y cuando lo logramos, con el tiempo se genera una respuesta fisiológica que fortalece el sistema.
Mayores demandas obligan al cuerpo a adaptarse a un nuevo equilibrio. Y una vez alcanzado, se necesita un estímulo mayor para volver a generar ese desorden. Así se repite el ciclo una y otra vez.
No es infinito, no es lineal y, por supuesto, es una simplificación. Pero creo que la idea se entiende.

En este ejemplo vemos con claridad que en la comodidad no hay avance, hay estancamiento. Y ese estancamiento, sostenido en el tiempo, conduce al deterioro. El cuerpo se ve afectado por el paso de los años, los sistemas se desgastan y, si no hay estímulo, ese deterioro se acelera.
Ahí es donde el entrenamiento se vuelve clave: no para evitar el envejecimiento, sino para ralentizarlo. Para empujar el equilibrio un poco más allá.

Pero hay otra cara de la moneda.

Cada vez que estresamos el sistema, ese estrés debe venir seguido de un período de descanso, de confort. ¿Es eso lo mismo que estancarse? Para nada. Es el proceso necesario para que el cuerpo regenere tejidos y consolide la adaptación.
La mejora no ocurre durante el estrés, ocurre después. En la recuperación. Ahí necesitamos descansar, estar cómodos, permitir que el cuerpo haga su trabajo.

Y entonces volvemos a la pregunta inicial: ¿está bien estar cómodo?

Creo que la respuesta no es blanco o negro. Como casi todo en la vida, la clave está en el equilibrio. Necesitamos alternar períodos de estrés con períodos de descanso. Y así como en el entrenamiento más no es mejor, en la vida tampoco lo es.
La dosis correcta es la que nos permite avanzar sin rompernos. La que permite adaptarnos, regenerarnos y fortalecernos.

Si buscamos comodidad permanente, nos estancamos y eventualmente nos deterioramos. El tiempo no se recupera y dejarlo pasar sin intención tiene un costo.
Pero si vivimos en un estado constante de estrés, de exigencia y de ocupación, también terminamos pagando el precio.

No se trata de buscar comodidad.
Tampoco de vivir estresados ni permanentemente ocupados.

Se trata de aprender a conocernos y encontrar ese punto de equilibrio.
Esa dosis exacta que nos desafía lo suficiente para crecer y nos cuida lo suficiente para sostenernos.

Ahí, creo yo, es donde realmente se potencia la vida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Decisiones y cambios

¿Que hago acá?

El llamado que lo cambió todo