Claridad
Es impresionante lo rápido que pasan los días cuando estás emprendiendo.
A veces recuerdo la época en la que trabajaba en el mundo corporativo, cuando mis responsabilidades estaban mucho más acotadas. Me dedicaba a analizar indicadores, armar reportes, ir a reuniones. El ritmo era distinto, pero lo que realmente se sentía distinto era el foco. Había mayor claridad. Aun cuando muchas veces uno no lograba ver la imagen completa, la dedicación era específica, profunda. Podías sostener horas de atención sobre un solo problema.
De cierta manera, añoro ese pasado como una respuesta casi automática al caos que a veces significa emprender.
¿De qué caos hablo?
Del caos de tener demasiadas cosas abiertas al mismo tiempo. De empezar la semana haciendo clases y, de pronto, recibir un mensaje de un coach que no podrá cubrir su turno de la tarde. Empiezas a buscar reemplazo. Recuerdas que tenías que grabar un video para Instagram. Piensas que no sabes cuándo fue la última clase de prueba del mes y que deberías activar publicidad. Vuelves a escribir para conseguir al coach. Nadie responde.
Te das cuenta de que llevas cinco horas sin comer y que la energía se está acabando. Se te acercan unos alumnos a conversar. Te preguntan cuándo abrirás clases nuevas de Hyrox. Te entusiasma la idea. Te dicen que si las abres, van sí o sí. Aparece un nuevo foco.
Pero aún no tienes reemplazo para la tarde.
En ese momento recuerdas que no planificaste bien la semana. Miras al costado y ves que el cooler de las bebidas está vacío. Hay que reponer. La persona del front desk no lo hizo. Te preguntas por qué no te puede ayudar. Vas a hablar con él y descubres que tuvo una pelea con su pareja y está teniendo un mal día. Conversan un rato. Lo apoyas. Llenan el cooler juntos.
¿Y el video?
No alcanzó el tiempo. Además, no te gusta grabarte.
Miras la hora. Partiste a las 6 AM. Son las 14:00 y sientes que no has avanzado en nada. No terminaste nada. Pero estás agotado. Y recién es la mitad del día.
Ese relato puede ser un día cualquiera de un emprendedor. Se hacen mil cosas, pero ninguna se termina. Te vuelves experto en hacer mucho sin lograr nada. Trabajas duro, pero todo parece desarmarse. Sabes que el lunes volverá a comenzar igual y ya te sientes cansado antes de que termine la semana.
Poco a poco empiezas a resentir tu propio negocio. Eso que armaste soñando con ganar más, con tener estabilidad, con trabajar menos horas. Hoy trabajas más. Y ganas menos. Al menos eso sientes. Te queda una bandera a la que aferrarte: “al menos hago algo que me gusta”. Pero, en el fondo, sabes que no es tan cierto. No así. No de esta manera.
Y ahí es donde aparece la pregunta importante.
¿Qué es la claridad?
La claridad es detenerse antes de seguir corriendo. Es priorizar. Es atender lo urgente sin perder de vista lo importante. Es aprender a administrar el recurso más escaso que tienes: el tiempo. La claridad no se trata de hacer más, se trata de avanzar en lo que realmente importa.
Es entender que una sola cosa importante terminada vale más que cien cosas a medio hacer. Es dejar de apagar incendios para empezar a resolver problemas. Es sentarse a pensar el dilema, no solo la urgencia.
No es un concepto fácil de definir, pero sí es una de las habilidades más importantes que debe desarrollar quien lidera un negocio. Si no hay espacio para ordenar, todo tiende al caos. Y tu principal responsabilidad no es hacer de todo, es dar dirección.
Ser capitán de un barco implica mirar constantemente si vas hacia donde quieres ir. No si estás ocupado, sino si estás avanzando.
“Todo eso me pasa… ¿pero cómo lo soluciono?”
Cuando tomé la mentoría con 2 Brain Business no entendí realmente lo que estaba contratando. Pensé que iba a aprender herramientas, estrategias, sistemas. Y sí, aprendí todo eso. Pero el verdadero valor fue otro: recuperar claridad.
Recuperar la capacidad de guiar mi negocio. De volver a ser el capitán del barco. De decidir hacia dónde vamos. Quiero ganar más, quiero tener más tiempo, quiero sentir control sobre mi vida y mi proyecto. No quiero que el proyecto me consuma, me drene y me deje sin energía ni ganas.
El proceso es lento y difícil. Cuando pasas mucho tiempo apagando incendios, te vuelves un gran bombero… pero no un buen capitán. Y ese rol hay que aprenderlo.
Ahí es donde la compañía importa. Tener a alguien que ya recorrió el camino. Que te haga las preguntas incómodas. Que no te diga qué hacer, sino que te ayude a pensar mejor. Que te acompañe cuando necesitas frenar y revisar si sigues en el rumbo correcto.
Quiero ayudar a más emprendedores a recuperar eso. A construir proyectos que les devuelvan tiempo, claridad y sentido. Proyectos que les permitan ganar bien, descansar, tomar vacaciones y vivir la vida que imaginaron cuando partieron.
Si algo de este texto resonó contigo, escríbeme.
No va a ser fácil.
Pero va a valer la pena.
Deja de vivir apagando incendios.
Vuelve a tomar el timón.
Transforma tu negocio en un barco con rumbo.
Yo te ayudo a navegarlo.
Comentarios
Publicar un comentario