Atrévete a volver a creer.
Comienza un nuevo año. En lo concreto, casi nada cambia. Pero también es una oportunidad para accionar un cambio. El cierre de un ciclo nos regala ese espacio —a veces breve, a veces incómodo— para sentarnos a soñar y planificar cuáles son nuestros próximos objetivos. De cierta manera, este momento cumple una función clave: volver a encender la pasión, volver a prender esa llama que nos empuja a más.
Es fácil caer en la complacencia. Es más común de lo que creemos. Sobre todo cuando llevas tiempo en un negocio que se siente estancado y al que le dedicas muchas horas. Los días se vuelven monótonos, las semanas pasan rápido y pareciera que el tiempo se escabulle sin que nada realmente cambie. Ahí es donde las metas empiezan a perder fuerza y se transforman en compromisos sin intención:
“quiero vender un poquito más”.
Porque ya no nos atrevemos a ser osados. Porque llevamos demasiado tiempo en esto. Porque dejamos de confiar en que las cosas puedan cambiar de verdad. Queremos creer que mejorarán… pero sólo un poco.
Y la verdad es que “un poquito” no es lo que necesitas para salir del estancamiento.
Necesitas volver a creer que se puede. Volver a empujar con fuerza y convicción por un objetivo que te dé miedo, que incluso se vea imposible. De eso se trata emprender. De volver posible lo que hoy parece inalcanzable. Si fuera fácil, todos lo harían. Si fuera evidente, no tendría sentido. La recompensa existe precisamente porque el camino es incómodo.
Emprender es crear algo desde la nada. Es transformar un sueño en realidad. Es avanzar incluso cuando todos te dicen que no. Y sí, después de años emprendiendo es normal empezar a pensar que ya no se puede, que el techo está ahí y no se mueve.
“no puedo cobrar más caro si todos son baratos”
“en mi ciudad no se puede hacer eso”
“la gente acá no quiere ese tipo de servicios”
“¿quién pagaría por eso?”
Cada una de esas frases es una señal clara: la confianza se fue erosionando. Como un león enjaulado, vamos perdiendo fiereza, valentía y hambre. Las barreras ya no están afuera, están dentro. Y mientras más las repetimos, más nos inmovilizan.
Por eso te invito a algo simple, pero incómodo: da el primer paso.
Elige una meta. Sólo una. Una que hoy te parezca imposible.
Ahora pregúntate: ¿cómo podría lograr esto?
Vamos a un ejemplo sencillo.
Necesito aumentar mis ventas. Quiero que mi ticket promedio sea de 100 USD y tengo 150 clientes. Hoy mi ticket promedio es de 60 USD. Subir 40 USD suena imposible. Pero el error está en mirar el número final sin entender el problema.
Estamos hablando de 6.000 USD adicionales al mes.
Entonces empiezas a descomponerlo:
– Subir 5 USD las tarifas para el 2026.
– Revisar descuentos heredados que ya no tienen sentido.
– Analizar planes promocionales que erosionan el valor.
– Incluir servicios de mayor valor usando el ejercicio del “cliente semilla”.
– Tener reuniones de objetivos para aumentar permanencia y direccionar mejor los servicios.
– Diseñar un plan anual de eventos con intención.
Hay cientos de ideas posibles. Pero el punto no es la idea. Es la claridad y la ejecución. Cuando la meta es ambiciosa, te obliga a pensar distinto, a moverte distinto y a dejar de conformarte.
¿Y si no lo logras?
Es simple: igual habrás avanzado. Igual habrás construido algo más cercano al negocio que sueñas, no al que hoy toleras. No se trata sólo de llegar a la meta, se trata de quién te transformas en el proceso.
Este año no te conformes con “un poquito mejor”.
Atrévete a incomodarte.
Atrévete a volver a creer.
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